Yo pongo el postre (Michel Montaner, Alcalde de Xirivilla)

Manuel I. Cabezas González

A finales de octubre de 2022, los medios se hicieron eco de la iniciativa del alcalde de Xirivella, el socialista Michel Montaner, difundida en un tweet que reza así: “Yo pongo el postre. Quiero cenar en tu casa. Quiero hablar contigo y con tu familia sobre las cosas de Xirivella”. Con este trueque desigual (yo pongo el postre y tú pones la cena), este alcalde socialista se invita a cenar en casa de sus conciudadanos con un triple objetivo. Por un lado,  conocer, desde la tranquilidad de sus hogares, las preocupaciones, las inquietudes, los problemas las ideas y las propuestas de los vecinos. Por el otro, elaborar el programa electoral “vinculante” para las próximas elecciones municipales en Xirivella. Y, finalmente, mejorar la vida en el municipio ya que, para el alcalde, la política es “una herramienta para ver a la gente feliz” y esto sólo se consigue si “se pisa la calle”.

Los talones de Aquiles del “tweet”

Los “plumillas” todólogos, que se han hecho eco de la iniciativa del alcalde de Xirivella, la han tildado de nueva, original y pionera. Sin embargo, ¡pobres indocumentados!, no es nada nuevo, nada original ni pionero. Esto ya lo hizo el Presidente de la República Francesa, Valéry Giscard d’Estaing (VGE), durante el primer año de su único septenio (1974-1981). En efecto, una vez al mes, VGE fue a cenar a casa de familias corrientes y molientes, según sus propias palabras, “pour regarder la France au fond des yeux”, i.e. ver cómo respiraban los ciudadanos de a pie y asegurarse un futuro segundo septenio. En una ocasión, incluso, invitó también a desayunar en el Elíseo a los basureros que hacían el servicio en la avenida Marigny de París, lindante con el Palais de l’Elysée.

Ahora bien, estas operaciones de ingeniería comunicativa y de marketing no convencieron a los franceses y le dieron calabazas, eligiendo al socialista François Mitterrand en las presidenciales de 1981. ¡Que tome nota el alcalde socialista de Xirivella!, ya que le puede salir el tiro por la culata, como a VGE, el próximo mes de mayo. No se puede engañar impunemente a una mayoría de votantes, una y otra vez, como hace la casta política de alta cuna y de baja cama.

Por otro lado, para justificar su iniciativa, el alcalde de Xirivella confiesa que le gusta pisar la calle, mezclarse con la gente y observar y escuchar el pulso de sus conciudadanos. Ante esta confesión, se le podría responder que ha tenido toda la legislatura para encontrarse con la ciudadanía, para conocer sus inquietudes, sus necesidades, sus problemas,… y, así, adecuar su gestión a las expectativas de sus vecinos. Pero, por lo visto, no lo ha hecho, si tiene necesidad de ir a llenar la andorga a casa de sus convecinos y aprovechar el comercio lingüístico con los comensales para elaborar su futuro programa electoral para las municipales.

Además, define la política como “la herramienta para ver a la gente feliz”. Esta afirmación es un ejemplo claro de “la langue de bois” (lenguaje políticamente correcto), que puede ser aceptada en teoría y en un mundo idílico. En el mundo real, no es cierta, es pura palabrería, es un nuevo bla-bla-bla de los de la casta política, que queda muy bien a los ojos y oídos de los “queridos niños”, según denomina David Trueba a los infantiles, desinformados, desarmados y manipulados votantes, a los que la casta política les toma el pelo por sistema.

En tercer lugar, según declaraciones a los medios y como hemos apuntado ya, con estos encuentros caseros para cenar, el alcalde de Xirivella pretende elaborar su programa electoral “vinculante” (subrayo el adjetivo), para las próximas elecciones municipales. El carácter “vinculante” del futuro programa me ha hecho pensar en el comportamiento habitual de los de la casta política, resumido en esta cita del viejo profesor, Tierno Galván: “las promesas electorales están para no cumplirse«. En efecto, en general, la casta política elegida olvida rápidamente todas las promesas; y convierte a sus propios electores en paganos de los desaguisados provocados por el disfrute y el abuso del poder, que hemos depositado en sus manos. Como reza el lema del Ayuntamiento de Cerdanyola del Vallès, habría que gritarles a todos: “¡¡¡Facta, non verba!!!”.

Finalmente, ha lanzado al mar de las redes sociales un anzuelo en forma de  hashtag: “#TuOpinionMeImporta”. Con él da a entender explícitamente que la opinión y la palabra de los votantes son, para él, ley mosaica. Ahora bien, como certifica la experiencia, este hashtag debe ser pura comedia, a la que nos tiene tan acostumbrados la casta política de alta cuna o baja cama. Este hashtag me ha hecho recordar también el cartel de la primera campaña de Alberto Carlos Rivera, que se hace llamar Albert Rivera. En él aparece en pelota picada, acompañado de unas frases programáticas muy tentadoras: “No nos importa dónde naciste. No nos importa la lengua que hablas. No nos importa qué ropa vistes. Nos importas tú”. Ahora bien, con el paso del tiempo, hemos podido ver para quién y hacia dónde remaban Rivera, Arrimadas y sus muchachos, todos genuinos arribistas y yonquis del poder: remaban para ellos y en dirección a la Moncloa, sede del Gobierno de España.

¡Menos lobos, Caperucitos!

La iniciativa del alcalde socialista de Xirivella es sólo una anécdota de la vida política española. Lo grave es que revela e ilustra el comportamiento habitual (la categoría) de la casta política de alta cuna y de baja cama, que ha novelado magistralmente David Trueba en su última novela “Queridos niños” (*).

En este relato, David Trueba narra y describe los entresijos censurables e indecentes de lo que sucede entre bastidores en la campaña electoral de la primera candidata a Presidente de Gobierno de España, Amalia Tomás. Durante tres maratonianas semanas, la candidata recorre España, manejada como una marioneta por el director de campaña, Basilio, personaje sin principios y cínico, reclutado para preparar y planificar lo que la candidata tiene que hacer y decir en cada momento y lugar. Se trata de un auténtico mercenario, vendido al mejor postor, cuyo lema no era competir, en buena lid, con los otros candidatos y convencer a los votantes sino, como decía Luis Aragonés, “ganar, ganar y ganar” por cualquier medio, pero ganar.

En efecto, en el “circo político” que son las elecciones, ganar lo justifica todo, ganar lo disculpa todo, ganar lo hace olvidar todo, ganar da la razón o se la quita a los políticos, siempre con la connivencia de los apesebrados medios de comunicación. Y esta obsesión por ganar a toda costa es muy deplorable y peligrosa, ya que en demasiadas ocasiones, sino en todas, se gana con las peores argucias. Además, como dice el refrán, “perro no come carne de perro”. Por eso, en el circo de las campañas electorales, la sangre nunca llega al río y es moneda de curso legal “el hoy por mí; mañana por ti”. Por eso, habría que decirles, tanto al alcalde de Xirivilla como a los miembros de la casta política de alta cuna y de baja cama: “¡Menos lobos, Caperucitos!

 (*) David Trueba (2021), Queridos niños, Anagrama, Barcelona.

© 2022 – Manuel I. Cabezas González

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