Regeneración, regresión, hipnoterapia, «reprogramación”… palabras que, ahora suenan a ciencia-ficción, y que nos acercan a un “Mundo feliz”… 2ª parte.

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Pero, ese «Mundo feliz» no tiene que ser inevitablemente el imaginado por Aldous Huxley…

Diálogos entre Antonio Miguel Rodríguez y del Castillo y Carlos Aurelio Caldito Aunión.

Como recordarán nuestros fieles lectores, la semana pasada iniciamos los «Diálogos entre Antonio Miguel Rodríguez y del Castillo y el abajo firmante, Carlos Aurelio Caldito Aunión.

Hoy publicamos la segunda entrega…

ANTONIO MIGUEL RODRÍGUEZ Y DEL CASTILLO

Hoy hablaremos de hipnoterapia, «reprogramación» y cuestiones diversas que, tal como anunciamos en el título, son expresiones que, ahora suenan a ciencia-ficción, y que nos acercan a un “Mundo feliz» que a muchos les sonará a la novela distópica de Aldous Huxley. ”

Me veo obligado a reiterar que Antonio es un hombre especialmente sorprendente, gratamente sorprendente, posee una grandísima experiencia profesional como criminólogo… y múltiples conocimientos de cuestiones que, para mí eran inimaginables. Desde que nos conocemos, aparte haber hecho amistad, hemos tenido largas, larguísimas conversaciones, sobre lo divino y lo humano, sobre cuestiones a cual más interesante… conversaciones realmente provechosas, enormemente enriquecedoras.

Como también indicaba en el anterior artículo, las que siguen son reflexiones de ambos que, pensamos que deben ser publicadas, así que, ahí van:

¿Qué fue antes, el huevo o la gallina? ¿El delincuente, el criminal, nace o se hace? ¡He ahí el dilema!

El dilema de si es mayor la influencia de la herencia que la del entorno, tanto en los individuos corrientes y molientes, como en los delincuentes, es como el río Guadiana que, aparece y desaparece, y vuelve a aparecer cuando uno menos lo espera. Durante las últimas décadas la enorme influencia de la denominada «perspectiva de género» que, afirma sin rubor que, la herencia no existe, que la anatomía, la fisiología, la biología no determinan la conducta de las personas y que, los humanos nacemos «taula rasa»; así como otras pseudociencias (muchas de ellas presentes en las diversas universidades de todo el Mundo), han conseguido reabrir debates que ya parecían superados. El poder de algunas ideologías (pues de eso se trata, de nuevas religiones) es a veces inmenso, y más aún su capacidad de influencia en todos los ámbitos de la vida humana.

Bien, volvamos al asunto que nos ocupa:

Según diversos estudios, entre un 10% y un 15% de las personas nace con una tendencia biológica  a la violencia; en los demás casos, la violencia está determinada por factores sociales (lo cual no justifica aquello muy al uso de considerar que el delincuente es una «víctima de la Sociedad»). Es una verdad casi de Pero Grullo que, somos biología, pero también somos cultura: la -buena- educación ayuda al cerebro a reconfigurar las ideas y los sentimientos que inducen a la violencia. En términos generales, no se nace asesino, sino con cierta predisposición a actuar violentamente si ocurren determinadas circunstancias sociales.

Hace muchos años que la conducta delictiva se estudia desde una perspectiva multidisciplinar. Criminólogos, neurólogos, sociólogos, psicólogos, psiquiatras y antropólogos tratan de encontrar el origen y las causas de la conducta criminal. En la mayoría de las ocasiones el delincuente es una persona de apariencia normal, aparentemente socializado, buen padre de familia, un vecino cordial que, se implica en la comunidad, un anónimo compañero de trabajo o una madre cariñosa y esposa abnegada. Pasan absolutamente desapercibidos en su entorno. ¿Pero han nacido siendo monstruos?

La psicopatía (y algunas enfermedades mentales como la esquizofrenia) empuja a muchas personas a dar comienzo una carrera criminal,  aunque no siempre -no todo psicópata es un asesino- de modo que, la psicopatía no es suficiente para que un individuo acabe delinquiendo o convírtiéndose en asesino. Generalmente concurren múltiples factores endógenos y exógenos. El delincuente se hace a sí mismo a lo largo del tiempo a partir de la interacción y de la influencia de diferentes factores genéticos, biológicos, neurológicos, psicológicos, sociales y ambientales. La respuesta debemos buscarla en la suma de esos factores innatos y las experiencias o los traumas vividos en su infancia y en su adolescencia dentro del ámbito familiar, escolar y social ya que del conjunto de todo ello dependerá la intensidad y el control de su agresividad y de su violencia.

Insistimos: si bien es cierto que los psicópatas son responsables de una gran cantidad de crímenes violentos, no debemos aceptar, sin más, la idea generalizada de que éstos son unos criminales en potencia (natos). Pues, existen «psicópatas integrados», y no todos ellos llegan a tener problemas legales. 

De todas maneras, todos los estudios relativos a la psicopatía, demuestran -científicamente- que existe una íntima relación entre la violencia y la psicopatía, ya que en muchas de los factores que, influyen en el común de los mortales y los empujan a inhibir las conductas violentas y antisociales (empatía, capacidad de establecer vínculos profundos, miedo al castigo y sentimiento de culpa, mala conciencia) están enormemente disminuidos o son casi, o completamente inexistentes en los psicópatas (también en algunos otros enfermos mentales).

En este aspecto, Antonio Miguel Rodríguez y del Castillo ha sido de los primeros (si no el primero) en investigar y constatar que los individuos proclives a la violencia, lo son debido a que algún o algunos antepasados también lo fueron, y esa tendencia a ejercer violencia sobre otros les ha sido transmitida «por herencia»… A alguno que haya llegado hasta aquí, es posible que le resulte increíble, pero, ahondaremos en ello a lo largo del texto.

Respecto de lo que venimos hablando, es importante destacar que el genetista Hans Brunner llevó a cabo una investigación en 1993,  en el Hospital Universitario holandés de Nijmegen, en el que estudió el caso de una familia en la que todos los varones poseían historiales muy violentos de graves hechos delictivos. La investigación descubrió que todos ellos carecían del gen que produce la enzima MAO-A, encargada de controlar los niveles de neurotransmisores como la serotonina que juega un papel fundamental en el control de los impulsos. La activación -o no activación- de este gen, denominado el gen del guerrerodepende de lo que ocurra durante la infancia. Si se carece de él o si presenta una actividad baja como consecuencia de una infancia marcada por el maltrato, la tendencia al crimen se acentúa. Quienes tienen este gen no son asesinos innatos, pero sí tienen una mayor predisposición a cometer actos violentos.

Me decía Antonio, en una entrevista que publicamos hace tres semana que, «la Hipnoterapia es una técnica que podría utilizarse para resolver asuntos del pasado, incluso para investigar a personas ya fallecidas» y añadía que tras años de experiencia de hipnoterapia clínica, ha llegado al convencimiento de que “cierta información” sobre la vivencia y experiencia de nuestros ancestros, se ha transmitido, a través del ADN, hasta nosotros. 

Han sido muchos los que para explicar qué es el cerebro humano y cómo funciona han recurrido a compararlo con una computadora y han afirmado que la información que posee está organizada en «carpetas». Pues bien, cuando se recurre a la hipnoterapia, el objetivo es acceder a la carpeta de aquella persona concreta a la que pretendemos investigar, la carpeta de las transmisiones de genes, la información que nos transmitieron nuestros padres, y nuestros abuelos a nuestros padres…

Como también indicaba Antonio en la entrevista que realizamos hace tres semana, el mayor inconveniente existente a la hora de recurrir a la HIPNOSIS, es que son muchos los que consideran que atenta contra los derechos humanos, pues cuando se hipnotiza a una persona, se «anula» su faceta consciente, su voluntad… pero, claro que, si esa persona se ha prestado voluntariamente, no debería existir problema de clase alguna, y menos ético o deontológico.

Tal como también me cuenta Antonio, es importante resaltar que la hipnosis es una herramienta útil como apoyo a distintos procedimientos médicos, que puede reducir el tiempo de terapia psicológica, o que resulta muy eficaz en el control del dolor. En este sentido, la hipnosis se utiliza actualmente, por ejemplo, como sustitutivo a los fármacos en intervenciones que requieren anestesia local, o en el control del dolor del parto.

A mediados del siglo XIX ya contaba Santiago Ramón y Cajal que, utilizó la hipnosis para ayudar a su propia esposa a reducir los dolores durante el nacimiento de uno de sus hijos.

Ernest Lawrence Rossi, autor del libro gratuito “La Nueva Neurociencia de la Psicoterapia, la Hipnosis Terapéutica y la Rehabilitación: Un Diálogo Creativo con Nuestros Genes”, publicó en 2008 un estudio piloto, donde aplicó el Proceso Creativo de 4 estadios a 3 estudiantes sanos voluntarios, a quienes midió la modificación de la expresión génica mediante microarrays de ADN. En este estudio piloto demostraba cómo una hora después de la intervención hipnótica, 15 genes se expresaban de forma diferente. En 2010, Rossi actualizó este estudio, donde se demuestra cómo los 15 genes que se expresan de forma diferente una hora después de la aplicación del Proceso Creativo de 4 estadios, provocan a las 24 horas una cascada de modificación de la expresión de 73 genes, que se agrupan en tres grupos funcionales: genes relacionados con la plasticidad sináptica, genes relacionados con el crecimiento y la maduración de células madre, y genes relacionados con la disminución del estrés oxidativo y la inflamación. Es decir, con este estudio se demostró por primera vez cómo una única intervención hipnótica de una hora, mediante el Proceso Creativo de 4 estadios, fue capaz de modificar la expresión de genes relacionados con tres procesos biológicos fundamentales para el mantenimiento de la salud y para la curación de enfermedades.

La tecnología de microarrays es una tecnología en desarrollo para estudiar la expresión de muchos genes a la vez. Consiste en colocar miles de secuencias génicas en lugares determinados sobre un portaobjetos de vidrio llamado chip. Una muestra que contiene ADN o ARN se pone en contacto con el chip. El apareamiento de las bases complementarias entre la muestra y las secuencias de genes en el chip produce una cantidad de luz que se puede medir. Las áreas del chip que producen luz identifican a los genes que se expresan en esa muestra.

Es evidente que sería necesario complementar este estudio aumentando el número de casos y utilizando un grupo control con el que contrastar los resultados. De hecho, actualmente este trabajo está en marcha y en breve se conocerán los resultados con una casuística mayor; por lo tanto, aunque los estudios conmicroarraysde ADN en el ámbito de la psicología y de la hipnosis son todavía preliminares, los resultados son prometedores… la hipnosis permite preparar la mente-cuerpo para el mantenimiento de la salud, probablemente estimulando mecanismos celulares y moleculares del organismo que conducen a la modificación de la expresión génica y que promueven la plasticidad neuronal, haciendo en definitiva que el cerebro se comporte cada día con mayor eficacia, promoviendo una sensación de bienestar y mejorando la calidad de vida.

Regresemos a la hipnoterapia: una vez que se ha accedido a la «carpeta» de la persona objeto de investigación y estudio, a la carpeta de las transmisiones de genes, y localizada también, la información que nos transmitieron nuestros padres, y nuestros abuelos a nuestros padres… el siguiente paso podría ser, recurriendo también a la hipnosis, «reprogramar» al individuo proclive a ejercer violencia sobre otras personas, para evitar que lo haga. Esto, en la actualidad, es perfectamente posible; cuestión diferente es que se pueda considerar admisible desde el punto de vista ético o deontológico, o incluso «legal». Pero, lo que sí es evidente es que, recurriendo a ello se podría conseguir que bajaran los índices de criminalidad y las relaciones interpersonales serían más seguras… Claro que, si se tomaran medidas de este tipo, habría muchos «profesionales» de la psiquiatría y la psicología que pondrían el grito en el cielo, pues, es seguro que verían enormemente reducida su cartera de clientes.

Lo que sí es evidente es que, con los psicópatas caben pocas opciones: o se les intenta integrar, o se les aparta; aunque claro, cuando se recurre a apartarlos, en muchos, demasiados casos, ya han hecho de las suyas y dejado una terrible estela de desgracias…

¿Por qué no recurrir -una vez realizado el correspondiente rastreo y localización- a «reprogramarlos»?

En fin, este asunto da para otra entrega…

Les anticipamos que, en la próxima ocasión hablaremos del uso de la hipnosis como medio de alienación colectiva y especialmente en la política…

CONTINUARÁ.

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