Pucherazo mediático, moral y… ¿También tecnológico?

Magdalena del Amo

“Estoy firmemente convencido de que España es el país mas fuerte del mundo. Lleva siglos queriendo destruirse a sí mismo y todavía no lo ha conseguido…”. Si en realidad Bismarck pronunció esta frase alguna vez, hoy desde su plano de existencia verá que tras tantos intentos continuados, la destrucción se ha consumado. No podemos dejar de sentir una profunda pena al contemplar el desastre de nuestra nación agonizante, al son de las carcajadas imaginables de los ejecutores de la masacre. Hoy es un día negro y triste. La esperanza ha quedado difuminada ante la Maldad en estado puro, que ha hecho metástasis y trufa toda manifestación humana, oportunamente disfrazada de eufemismos y conceptos sin historia fácilmente digeribles por una sociedad que ha perdido el control de su destino y se deja arrastrar hacia el abismo.

La radiografía de estas elecciones, en un momento tan clave en la implementación de la Agenda 2030, no puede pasar inadvertida, y es conveniente hacer análisis profundos.

Aunque no tenemos demasiados datos y ni siquiera conocemos la opinión de los expertos en “elecciones transparentes” y algoritmos, estamos convencidos de que ha habido pucherazo. Pero no es ningún mérito.

Es cuestión de intuición y puro empirismo, dado que es el modus operandi de la izquierda de siempre, generadora de guerras, caos, enfrentamiento, pobreza, hambre, odio, encanallamiento social y erradicación de los valores que nos han hecho evolucionar como sociedad y como individuos. Lo han practicado en España a lo largo de la historia y lo siguen haciendo; ahora con mayor ayuda internacional y el apoyo de la tecnología, que facilita el robo de votos y el trasvase de los mismos de una formación a otra como si de un videojuego se tratase, al margen de otros chanchullos: tejemanejes en Correos, censos falsos, votos de muertos, calores estivales o trenes que no funcionan. Esta sería la receta para el pucherazo tecnológico, de difícil demostración casi siempre.

Sin embargo, existe un pucherazo mediático, mucho más visible y evidente que el ciudadano sufre a diario en forma de acoso.

Los medios de comunicación se han convertido en auténticos terroristas de la información. Siempre al servicio del Mal –salvo raras excepciones—, su fin es la manipulación, y su trabajo consiste en tergiversar las noticias, mentir, ocultar las fechorías de sus amos –cuando no bendecirlas— e injuriar y calumniar a quienes se atreven a discrepar. La prensa tiene la gran responsabilidad de haber aborregado a la sociedad. Con periodistas independientes y el código deontológico presente, el Poder no habría podido implantar ideas tan destructivas para la humanidad, especialmente en lo moral. Estos regímenes totalitarios respaldados por el Foro de Davos han inoculado en los últimos años un peligroso veneno más difícil de liberar que cualquier metal pesado.

Y existe un pucherazo moral, mucho más grave que los anteriores porque afecta a la profundo de lo que somos como especie: seres racionales con conciencia y empáticos con nuestros semejantes. Estas características, sin embargo, se diluyen en la nada cuando la actuación de la sociedad deja ver a las claras su tendencia a la involución y el regreso a etapas de barbarie que creíamos superadas.

¿Saben los ciudadanos qué han votado en estas elecciones? Si preguntamos uno a uno, la mayoría no sabrá responder porque no están enterados de nada de lo que acontece a nuestro alrededor, ni de lo que ha ocurrido en los últimos años. Porque solo comulgan con las ruedas de molino que les ofrece la televisión y los medios oficiales. En realidad, no tienen opinión propia y se limitan a expresar lo que oyen.

A partir de hoy, tendremos semanas y meses muy convulsos. Algunos apuntan a una repetición de elecciones en invierno, pero mucho nos tememos que el señor del Falcon se las arregle para formar gobierno con toda la patulea de comunistas, terroristas y golpistas, sus socios de siempre.

Lo más esperpéntico es que quien tiene la última palabra es el famoso golpista huido a Waterloo, sobre el que pesa una orden de detención. Pero como el nieto de Sabiniano es experto en saltarse las leyes, se las arreglará para continuar en su poltrona y seguir destruyendo los restos de lo que queda. Pero la sociedad es la única culpable y no tendrá ningún derecho a la queja. Ha votado a favor del Mal y eso tendrá que pagarlo. Es la ley de causa y efecto. Lo peor de todo es que pagaremos justos por pecadores.

*Psicóloga, periodista y escritora

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