Pedro Sánchez, experto mentiroso compulsivo.

CAROLUS AURELIUS CALIDUS UNIONIS

 «Se puede engañar a todo el mundo algún tiempo y se puede engañar a algunos todo el tiempo, pero no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo.» Abraham Lincoln 

Pedro Sánchez, hay que reconocerlo, es un hábil embustero, un experto en tapar sus grandes mentiras con constantes maniobras de distracción, tal cual haría cualquier ilusionista… Puesto que es contrario a la alternancia en el gobierno, su mayor deseo es instaurar la censura a través de una especie de “Ministerio de la Verdad» a la manera de la novela «1984» de George Orwell. Sus pretensiones son claramente totalitarias (los socialistas y sus aliados, comunistas, separatistas y terroristas no ocultan sus intenciones de injerirse en todas las facetas cotidianas de los ciudadanos, «por su bien», para dar solución a todos sus problemas y hacerlos más felices) y entre sus objetivos está implantar una especie de «policía del pensamiento»…

El gobierno socialcomunista controla a los españoles, haciendo uso de los resortes de los que es capaz: redes sociales, el CIS, el Portal de Transparencia, la Guardia Civil… todos, en mayor o menor grado, están al servicio del Gobierno y de sus políticas de silencio, censura y bloqueo, con el fin de que los ciudadanos aprueben su gestión y no se difundan críticas… se trata de cerrar cualquier resquicio, de evitar cualquier fuga de información indeseada… ocultar, silenciar… mentir es el día a día del gobierno de Pedro Sánchez y sus secuaces.

Aunque muchos españoles ya se hayan olvidado, no ha pasado demasiado tiempo de ello, el ministro Marlaska tuvo un ataque de sinceridad y confesó que el Gobierno «monitoriza» las redes y otros sistemas de comunicación, con el fin de comprobar algunos discursos que pueden ser peligrosos o delictivos, así como las campañas de desinformación. Es por eso, que no se puede considerar una impertinencia, o una salida de tono, o un lapsus, cuando el general jefe del estado mayor de la Guardia Civil, José Manuel Santiago, en rueda de prensa televisada, afirmó que la Benemérita trabaja para “minimizar el clima contrario a la gestión… del Gobierno”. En resumidas cuentas, la tarea de la Guardia Civil es impedir que se critique la gestión del Gobierno. Sin duda alguna, son tantísimos los recursos y medios a su disposición, que nos vigila un Gran Hermano más poderoso que nunca.

El arte de mentir en la política tiene ya una larga tradición.

Maquiavelo hace en su libro El Príncipe la siguiente reflexión: “Todos ven lo que parece ser, mas pocos saben lo que eres; y estos pocos no se atreven a oponerse a la opinión de la mayoría, que se escuda tras de la majestad del Estado…”.

Después de varios años de gobierno social comunista, de Sánchez e Iglesias y de sus socios separatistas y terroristas, España parece seguir los mismos pasos que siguió la Venezuela de Hugo Chávez, y se encamina de forma estrepitosa hacia la ruina, la dictadura, el totalitarismo, un sistema liberticida… todo menos democracia.

Un gobierno embustero y liberticida que promovió la Ley de Memoria Democrática, con la que pretenden reescribir la historia y condenar a la damnatio memoriae, al olvido, a todo aquello que no les conviene que se recuerde y menos se enseñe en los centros de estudio. Con el cuestionamiento y el desmontaje del espíritu de la Transición y de la Constitución de 1978, con su intención de controlar la Administración de Justicia y acabar con lo poco que aún queda de separación de poderes… Con un Gobierno y un presidente sin escrúpulos que se regodea en el fraude y miente compulsivamente. No se olviden de la tesis doctoral «cum fraude» de Pedro Sánchez; y de cuando decía que no podría dormir con un gobierno donde estuviera Pablo Iglesias; el que dijo, hasta cinco veces, que no pactaría nunca con los herederos del terrorismo vasco, ni con los separatistas; y nos mintió desde el minuto uno en casi todo lo relativo al coronavirus, respecto al número de muertos, o al supuesto «comité de expertos» -que nunca existió- y un largo etcétera hasta llegar a la pretendida «ley de amnistía» para sus cómplices los separatistas-golpistas catalanes…

Pedro Sánchez está obligado a tapar sus grandes mentiras con constantes maniobras de distracción. Y no descarta instaurar la censura a través de esa especie de orwelliano “Ministerio de la Verdad”, con el que quieren hacer pasar la mentira por verdad y la verdad por mentira,… Es por ello que aprovecha la más mínima ocasión, como la visita del presidente de Argentina, Javier Milei este último fin de semana, para desviar la atención de lo realmente importante y tenernos entretenidos durante días o semanas…

Y mientras tanto, un gigantesco gobierno de 23 ministros y miles de asesores, llevan a cientos de miles de ciudadanos a la ruina, sin que ellos se apliquen ni una sola medida de austeridad.

Estamos hablando de un Gobierno que utiliza descaradamente los grandes medios de información (a los que riega generosamente con dinero de nuestros impuestos) como un potente instrumento para la manipulación política y la ocultación de la realidad. Un gobierno que con su política de hechos consumados, con su propaganda y su habilidad para cambiar el significado de hechos y palabras, ni se molesta ya demasiado en disimular,… ¿Para qué disimular si en España casi nadie se atreve a contradecirlo y, para más INRI, carece de oposición?

Sánchez es capaz de lo más zafio con tal de perpetuarse en el poder y seguir viviendo a cuerpo de rey, o mejor dicho, como un sátrapa, el más fiel siervo del Sultán de Marruecos. Ésta es la “nueva normalidad” que nos anunciaron cuando decidieron levantarnos el arresto domiciliario al que caprichosamente nos castigaron, con el pretexto del covid19, a sabiendas de que era inconstitucional, tal como luego acabó corroborando el Tribunal Constitucional.

Pero, lo más terrible, lo que causa desasosiego es que el principal aliado del Gran Hermano Pedro Sánchez son el pasotismo y la indiferencia de los españoles. Todas las acciones liberticidas que emprenden Pedro Sánchez y sus secuaces apenas tienen contestación, ni quejas, ni protestas… En estos momentos predomina el miedo a sufrir las iras de los enemigos de España.

Que nadie se engañe, con la complicidad de una sociedad cada vez más anestesiada, que según parece no es capaz de pasar factura a unos gobernantes que practican de forma sistemática la corrupción, el fraude, la mentira y la demagogia, y que actúa en el fondo como una sociedad compuesta por autómatas y no por verdaderos ciudadanos libres e iguales, marchamos al trote hacia la implantación del totalitarismo y hacia un alarmante empobrecimiento de nuestro país (aunque no nos muestren las colas del hambre en Cáritas y en los comedores sociales, estas se van alargando sin parar).

Sánchez nos lleva hacia una sociedad subsidiada, dependiente, en la que los españoles seamos cada vez más pobres -pero felices, dice el sátrapa- en la que él y sus secuaces repartan la miseria, aplicando aquello de «el que reparte se lleva la mejor parte». El panorama no puede ser más oscuro.

Lo que está en juego va más allá de izquierda, derecha, progresistas, fachas, etc., lo que está en riesgo es la Nación Española, nuestra soberanía, el ordenamiento jurídico, nuestra prosperidad (y la de futuras generaciones), los derechos y libertades reconocidos en la Constitución Española…

Sin duda, aunque muchos no quieran verlo –«Puedes negar la realidad, pero no puedes escapar delas consecuencias de negar la realidad.» Ayn Rand– España esté viviendo uno de los momentos más difíciles de su historia, y si los españoles no reaccionan y siguen instalados en el silencio y en la cobardía y no acaban creando un gran movimiento cívico que ponga freno a esta terrible deriva, sólo cabe que perdamos cualquier clase de esperanza…

Y, nunca olviden aquello que repetía constantemente el principal protagonista de la serie «El doctor House»: Todo el mundo miente, y generalmente nadie está dispuesto a cambiar.

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