Navas de Tolosa: cuando los cristianos españoles vencieron al mayor ejército musulmán-yihadista del mundo

CARLOS AURELIO CALDITO AUNIÓN

El 16 de julio de 1212 España venció al Islam… y en España no lo celebramos, no vaya a ser que los musulmanes se ofendan. ¡De veras que hay que ser gilipollas!

Pues sí, el día 16 de julio, en que los católicos celebran la Virgen del Carmen; ese mismo día es el aniversario de la gran batalla de Las Navas de Tolosa, en la que los ejércitos de Alfonso VIII de Castilla, Pedro II de Aragón y Sancho VII de Navarra vencieron al mayor ejército yihadista del mundo, a los almohades.

El día 16 de julio de 1212 un ejército aliado cristiano formado por tropas castellanas, aragonesas y navarras, además de voluntarios del Reino de León y del Reino de Porugal, derrotó a un ejército abrumaduramente superior, cerca de Santa Elena, en la provincia de Jaén. Esta batalla está considerada como una de las más importantes de la Reconquista, y a partir de entonces, aunque sea caer en el tópico, hubo un antes y un después…  

En el momento histórico que tuvo lugar la batalla de las Navas de Tolosa (siglo XIII), nos encontramos con una Península Ibérica dividida y enfrentada. Castilla, con Alfonso VIII a la cabeza; León, con Alfonso IX; Portugal, con Alfonso II; Aragón, con Pedro II; y Navarra, con Sancho VII estaban en continuas rencillas, disputándose territorios y privilegios, algo que les llevó en ocasiones a emprender acciones de guerra entre ellos (e incluso, aliándose con los musulmanes, por aquello de «el enemigo de mi enemigo es mi amigo»), descuidando como consecuencia el avance de la Reconquista. Era imprescindible la consecución de una firme unidad entre reinos cristianos para conseguir acabar con la hegemonía de los musulmanes en el campo de batalla, y de paso con su dominio en la Península.

El comienzo de esa deseada Unidad que no fue posible hasta el siglo XIII.

La idea de ir al encuentro de los musulmanes y presentarles batalla fue de Alfonso VIII, después de haber sido derrotado por los almohades en Alarcos, en 1195.  El Rey de Castilla solicitó apoyo al Papa Inocencio III, para, de ese modo lograr la adhesión de los demás reinos cristianos de la Península Ibérica y, para que la acción fuera calificada como «cruzada por la cristiandad», con la promesa del perdón de los pecados a quienes participaran en ella. También es importante señalar que, al declarar el Papa Inocencio III la campaña bélica como «cruzada» el Rey Alfonso VIII se garantizaba la protección de Castilla, que no podría ser atacada por ninguno de sus reinos vecinos bajo pena de excomunión.

Para lograr su propósito, el rey castellano recurrió a la mediación del arzobispo de Toledo, Rodrigo Jiménez de Rada.

Los cristianos con Alfonso VIII a la cabeza, lograron reunir una fuerza considerable para la época, en torno a los 27.000 hombres, siendo de estos unos: 18.000 castellanos, 8.500 aragoneses al mando de su rey Pedro II, 200 navarros a las órdenes de su rey Sancho VII y 300 voluntarios portugueses, leoneses y ultramontanos. Estos últimos sin sus reyes a la cabeza, ya que Alfonso IX de León había sido excomulgado por el Papado a causa de sus tratos con el infiel y sus ataques a Castilla, por su parte, el monarca portugués, Alfonso II, se encontraba inmerso en otros conflictos.

A pesar de todo, “las tropas de los cruzados constaban de 22.000 infantes y 5.000 jinetes.

Frente a estas fuerzas cristianas el Miramamolín (Muhámmad an-Násir, «Príncipe de los Creyentes») compareció con un ejército superior en número, siendo sus fuerzas mayoritariamente hombres a pie, andalusíes montados, arqueros turco-mongoles a caballo y voluntarios de la fe.

Hoy en día todavía hay cierta controversia en cuanto a las cifras del combate. De esta forma, algunas fuentes señalan que los cristianos acudieron con unos 70.000 hombres y los almohades con unos 120.000. Sin embargo, otras fuentes señalan estas cifras como exageradas y abultadas, teniendo en cuenta la población peninsular del momento y el coste del mantenimiento para semejante ejército. Proponiendo números de entre 70.000-50.000 musulmanes y 30.000-20.000 cristianos. No obstante, de este baile de cifras algo que si sacamos en claro es que nos encontramos ante el mayor enfrentamiento bélico del momento.

Son muchos los historiadores que consideran que la Batalla de las Navas de Tolosa fue el punto culminante de la Reconquista y el comienzo de la decadencia de la presencia musulmana en la Península Ibérica, aunque la conquista del valle del Guadalquivir no se emprenderá hasta varias décadas después.

Las consecuencias de la batalla de las Navas de Tolosa fueron decisivas, la derrota militar conllevó un enorme declive de los almohades en la península ibérica y en el norte de África en la década siguiente.

Castilla, como impulsora de la empresa bélica, acabó siendo la que mayores beneficios consiguió con la victoria. La cual contribuyó al fortalecimiento de sus fronteras continuamente atacadas hasta entonces, y a conseguir ser el reino peninsular predominante y a impulsar un proceso de conquista sobre el sur peninsular, antes completamente impensable e imposible. Proyecto expansivo que alcanzó su máximo esplendor tras la unión de los reinos de Castilla y León bajo el reinado de Fernando III el Santo. Quien logró tomar: Córdoba en 1236, Murcia en 1243, Jaén en 1245 y Sevilla en 1248.

En definitiva, a lo largo del siglo XIII la presencia musulmana en la Península fue difuminándose. Erigiéndose como único bastión musulmán el reino de Granada, vasallo del rey de Castilla. Cuya conquista no interesó inicialmente, ya que pagaba mensualmente importantes sumas de oro a la Corona. Rompiendo sólo su pacto de vasallaje en contadas ocasiones, siendo rápidamente sometido de nuevo. Así, tocó aguardar hasta el reinado de los Reyes Católicos para alcanzar la conquista de Granada (1492), poniendo con ella punto final definitivamente a la Reconquista, una milenaria empresa que sin la costosa victoria alcanzada por las huestes cristianas en los campos jienenses de las Navas quizá nunca se habría alcanzado.

​Pues, sí, aunque los odiadores, hispanófobos que nos malgobiernan traten de impedir que se sepa, España salvo a Europa de la invasión almohade, en las Navas de Tolosa, el 16 de julio de 1212 España libró a Europa de los más fanáticos mahometanos que han existido, que amenazaban no sólo a toda la península, sino a todo el continente. España detuvo al Islam para salvarse a sí misma y de paso, para salvar a Europa. 

Almohade en árabe significa los que «reconocen la unidad de Dios», esos chicos que consideran blasfemo al misterio de la Santísima Trinidad: una sola naturaleza, tres personas distintas. Que consideran, ante todo, que es una blasfemia inadmisible que el hombre se convierta en hijo del Creador. Por eso, había que destruir a los cristianos. Hoy los llamaríamos yihadistas y, para entendernos, eran partidarios de que la letra con sangre entra. El concepto de libertad no acababan de tenerlo claro y, en cualquier caso, al blasfemo había que matarlo. Para entendernos, unos bestias.

A los ejércitos cristianos que derrotaron al Islam les unía una fe común (sin duda, un lazo mucho más fuerte que el que une a algunos en pactos contranatura), los unían principios comunes irrenunciables, valores por los que estaban dispuestos a luchar y, si fuera preciso, a entregar su vida…

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