Meloni arrasa en Italia y hace temblar a los burócratas de Bruselas, a los que no ha elegido nadie

Italia abre una nueva fase de futuro incierto. El país transalpino se perfila como la primera gran economía de la UE con la derecha populista al frente tras la victoria de Giorgia Meloni y sus Hermanos de Italia en las elecciones celebradas este domingo.

Con más del 90 por ciento de las papeletas escrutadas –tanto para el Senado como para el Congreso de los Diputados–, el FdI ha conseguido el 26,5 por ciento de los votos; seguido del Partido Democrático, de Enrico Letta, con el 19,4 por ciento; y el Movimiento 5 Estrellas, de Giuseppe Conte, en tercer lugar con el 14,8 por ciento de los votantes.

La Liga de Matteo Salvini habría conseguido el 9 por ciento y Forza Italia, de Silvio Berlusconi, el 8 por ciento. Sin embargo, ninguno de los dos han valorado por el momento los resultados electorales.

El bloque de derechas –compuesto por Meloni, Salvini y Berlusconi– conseguiría la mayoría absoluta en ambas cámaras, con el 44 por ciento, frente al 26 por ciento del centro-izquierda. Cuando se publiquen los datos definitivos, Meloni tendrá que reunirse con sus socios de coalición para conseguir un acuerdo que le permita colocarse como primera ministra del país.

La presidenta de FdI ha pedido en una declaración institucional en la noche del domingo la dirección del próximo gobierno italiano. “Ha llegado una indicación clara de los italianos de un gobierno de centro-derecha dirigido por los Hermanos de Italia”, ha afirmado ante sus seguidores en el Hotel Parco dei Principe en Roma.

En el caso de que Meloni consiga el apoyo de sus socios, tiene que superar también el filtro del presidente de la República, quien puede vetar ministros si considera que no son aptos para el cargo.

El M5S ha culpado al PD de la falta de unidad en el bloque de la izquierda. Su candidato, Conte, ha afirmado que su partido hará una oposición progresista y democrática y ha celebrado su puesto, ya que los sondeos apuntaban a la desaparición de la formación.

El líder de Compromiso Cívico, Luigi Di Maio, que actualmente es el ministro de Exteriores en funciones del país, pero que se ha presentado a las elecciones en un nuevo partido tras abandonar el M5S, se ha quedado fuera del Parlamento italiano. Su oponente de M5S, Sergio Costa, le ha derrotado en su escaño por Nápoles. Además, su partido habría conseguido menos del 1 por ciento de las papeletas.

Los representantes de ultraderecha de países europeos han celebrado el resultado, como el primer ministro polaco, Mateusz Morawiecki; el eurodiputado del partido de Marine Lepen Jordan Bardella; el asesor político del húngaro Viktor Orbán; el francés Eric Zemmour; la vicepresidenta del partido alemán AfD, BEatrix von Storch…

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El huracan Meloni, favorita en las encuestas para ganar las elecciones legislativas italianas, se topa con el establishment de la inmensa mayoría de los medios europeos, como Le Monde, incluidos los españoles claro, con El Pais y RTVE a la cabeza.

De entrada se la califica de extrema derecha, fascista, y se busca en su pasado o presente cualquier detalle que la denigre. Acusan, insultan y demonizan. Nada de su mensaje, nada de describir sus propuestas. La estrategia del lenguaje del poder del filosofo francés Foucault en estado puro.

Dicho esto, que ya se esperaba, lo que no tiene explicación alguna es la amenaza a Italia de la Presidenta de la Comision Europea, Sra. Von Der Leyen, por si gana Meloni. Es injustificable y esa señora que tiene sus sueldo gracias a los impuestos de los europeos, incluidos los italianos, debería ser recusada inmediatamente. Un impeachment a la europea con urgencia. Ese personaje debe desaparecer cuanto antes de la UE.

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Qué se sabe de Fratelli d’Italia

El partido fue creado en 2012, pero tiene sus raíces en el movimiento neofascista italiano del siglo XX surgido tras la muerte del líder fascista Benito Mussolini. Sin embargo, Meloni afirma haber eliminado los elementos fascistas del partido.

Fratelli d’Italia, cuyo objetivo es «sacar a Italia de la crisis a la que ha sido arrastrada por política corta de vista e irresponsable», está apoyada por los sectores de la población preocupados por la inmigración, las relaciones del país con la UE y el deterioro de la economía. Se puede decir que sus políticas son conservadoras, ya que el partido se opone al matrimonio entre personas del mismo sexo, promoviendo los valores familiares tradicionales. En 2019, Meloni declaró que su objetivo era defender a «Dios, la patria y la familia.»

Entre sus prioridades se encuentran: el apoyo a la natalidad, el aumento del subsidio mínimo de jubilación, la reducción de la inmigración ilegal, el apoyo a las plantas regasificadoras y nuevos gasoductos, así como la lucha contra la «censura arbitraria de las redes sociales» y «la garantía de respeto a la libre expresión del pensamiento por parte de las grandes plataformas de comunicación», entre otros.

Al mismo tiempo, con respecto a la UE, el partido promueve la reforma de las instituciones comunitarias para hacerlas menos burocráticas y menos influyente en la política interna. Cabe destacar que se ha mostrado favorable a la OTAN y Ucrania, apoyando las sanciones contra Rusia.

Reacciones en la Unión Europea

A medida que se han dado a conocer los resultados de la jornada electoral, Meloni ha recibido las felicitaciones de políticos y partidos de derecha de diferentes países miembros de la Unión Europea, entre ellos, Vox de España. «Italia marca el camino de una nueva Europa de naciones libres y soberanas. El pueblo decidirá su futuro. Sin pedir permiso a ningún oligarca», escribió ese movimiento en su cuenta de Twitter.

En esa misma línea se manifestó Beatrix von Storch, jefa adjunta del partido Alternativa para Alemania en el Bundestag (Parlamento), señalando que los «gobiernos de izquierda son cosa del pasado». Por su parte, Balázs Orbán, director político del primer ministro de Hungría, Viktor Orbán, envió un mensaje en esa misma red social manifestando que «en estos tiempos difíciles, necesitamos más que nunca amigos que compartan una visión y un enfoque comunes de los desafíos de Europa».

Por otro lado, la primera ministra de Francia, Elisabeth Borne, ha advertido de que París estará «atento al respeto de los derechos humanos y del aborto» en Italia.

Meloni: “Gobernaremos para unir a todos los italianos”

La líder de Hermanos de Italia (FdI), Giorgia Meloni, afirmó que gobernará “para unir a todos los italianos” en sus primeras declaraciones después de que su partido se convirtiera en el más votado del país, lo que la llevará a ser la primera mujer que gobernará Italia.

En su aparición esta madrugada en un hotel en las afueras de Roma, Meloni hizo un discurso muy medido y sin tonos triunfalistas, en el que aseguró que la coalición de derechas, con Liga de Matteo Salvini y Forza Italia de Silvio Berlusconi, gobernará “para que los italianos puedan estar orgullosos de ser italianos”.

En un pasaje de su discurso más sentimental afirmo: “Para nosotros es una noche de orgullo, de rescate y de lágrimas y abrazos, sueños y recuerdos, y es una victoria para los que ya no están”.

Para Meloni ha llegado el tiempo “de la responsabilidad si queremos hacer historia”. “Tenemos que entender la responsabilidad que nos han dado decenas de millones de italianos, no traicionaremos a esta gente”.

Un artículo con mala baba como corresponde a un enemigo del pueblo, pero con citas interesantes: ¿Es Georgia Meloni fascista?

Grego Casanova

La candidata de Fratelli d’Italia (FdI), Georgia Meloni, ha obtenido en torno al 25% de los votos en las elecciones italianas de este domingo, según los sondeos a pie de urna, y ha reavivado el debate sobre si se trata de una formación fascista, a un mes del centenario de la Marcha sobre Roma que llevó a Mussolini al poder. ¿Se puede considerar al partido de Georgia Meloni una formación fascista? No, según los principales expertos en el fascismo, aunque esto no le quita gravedad al ascenso de la líder de extrema derecha.

En España se dio a conocer con un discurso desquiciante durante un mitin de Vox durante las elecciones andaluzas. La líder hizo una enumeración en la que contraponía conceptos subiendo el tono hasta casi perder la voz: “Sí a la familia natural, no a los lobbis LGBT, sí a la identidad sexual, no a la ideología de género, sí a la cultura de la vida, no al abismo de la muerte, sí a la universalidad de la cruz, no a la violencia islamista, sí a fronteras seguras, no a la inmigración masiva, sí al trabajo de nuestros ciudadanos, no a las grandes finanzas internacionales, sí a la soberanía de los pueblos, no a los burócratas de Bruselas”.

Durante las semanas previas a las elecciones moderó su discurso ultra y en un vídeo para la prensa extranjera se quiso asimilar a los conservadores británicos o los republicanos estadounidenses. Pero esta pretendida moderación chocó con los ramalazos fascistoides de miembros de su partido, como el del concejal de Seguridad de la región de Lombardía, Romano La Russa, grabado haciendo el saludo fascista en un funeral en Milán.

Meloni, que con 19 años consideraba a Mussolini como un «buen político, que todo lo que hizo lo hizo por Italia», se ha destacado por su discurso populista, ultranacionalista, antieropeista, xenófobo, ultracatólico, islamófobo, y en contra de los derechos de los homosexuales. Un discurso identitario en el que cuela los ‘greatest hits’ utilizados por la ultraderecha actual: la “corriente globalista”, “finanzas internacionales”, el “usurero Soros” y los “lobbies LGTB”, una especie de nuevo judeo bolchevismo; o los “burócratas de Bruselas”. ¿Serán estos burócratas los que consiguieron una distribución de la vacuna en tiempo récord y los que han hecho a Italia la principal beneficiaria de los fondos covid?

¿Quién es fascista?

Pero, ¿se puede considerar a Meloni una líder fascista? Varios expertos en la historia del fascismo consideran que no es apropiado, ni preciso desde un punto de vista histórico. Emilio Gentile, una de las principales autoridades en el estudio del fascismo, consideraba en Quién es fascista (Alianza Editorial) que las actuales formaciones de extrema derecha italiana no podían ser consideradas “fascistas”, porque no se ajustaban a la definición de fascismo histórico. Según la definición que el historiador formuló: movimiento de masas nacionalista y revolucionario, antiliberal, antidemocrático y antimarxista, con vocación imperialista y belicosa, organizado por un partido milicia, que destruyó la democracia parlamentaria  para construir un Estado nuevo y regenerar la nación. El fascismo tenía una ideología basada en el pensamiento mítico, virilista y antihedonista, sacralizada como religión laica, que afirmaba la primacía absoluta de la nación con intención de transformarla en una comunidad orgánica étnicamente homogénea, organizada jerárquicamente en un Estado totalitario.

Gentile explicaba que el concepto fascista se ha ido dilatando como un término despectivo, generalmente relacionado con los movimientos de derecha, y como sinónimo de violento, represivo, racista, machista… Llegando a incluir en su seno a fenómenos como el terrorismo islamista. El italiano insistía: “No podemos aceptar la fórmula ahistoriológica de la historia-que-nunca-se-repite-pero-que-siempre-vuelve-bajo-otras-formas. Y tampoco podemos inventarnos periódicamente una nueva definición de fascismo para denunciar quién es el fascista de turno”. Ciertamente, el concepto se ha implantado tanto en el lenguaje que resulta mucho más difícil hacer esta distinción que con otras corrientes políticas. “¿Has oído a alguien anunciar que han vuelto o pueden volver el jacobinismo, el legitimismo, el bonapartismo, el zarismo, el bolchevismo, el estalinismo, el franquismo, el salazarismo?”, decía Gentile.

El historiador también explicaba que entre las dos guerras mundiales, el término “fascista” ya era utilizado indebidamente y que durante la primera década de Mussolini en el poder, los comunistas acusaron a socialistas, republicanos, liberales, democráticos y conservadores de ser fascistas. Así mismo, alertaba de que esta banalización era uno de sus aspectos más graves, con la lógica de que «si todo es fascismo, nada es fascismo».

En una entrevista que se publicará esta semana en Vozpópuli, uno de los mayores expertos sobre Hitler y el nazismo, el historiador Ian Kershaw, señalaba que es preferible entender fenómenos como el de Meloni “en sus propios términos, más que intentar apegarles una etiqueta pasada. Todos los fascistas eran populistas, pero no todos los populistas son fascistas, y mientras que existen varias características de lo que representaba el fascismo, hoy en día son unas características muy diferentes de lo que eran en los años 20, 30 y 40”.

En muchas ocasiones, desde la izquierda se ha atacado virulentamente a los que critican el uso y abuso del término fascista por considerarlo poco preciso. Consideran que se está otorgando una especie de atenuante por afirmar cosas tan evidentes como que Donald Trump, un peligro para la democracia en infinidad de aspectos como se ha demostrado hasta el último día de su mandato, no era un fascista, como apuntaron en su momento otros expertos en el tema como Stanley Payne o Roger Griffin. Gentile se mostraba convencido de que el abuso del término “fascista” podía impedir comprender los peligros de las nuevas formaciones de extrema derecha. “Interpretando la realidad a través de categorías genéricas y anacrónicas, no sepamos reconocer los peligros reales. […] El peligro real no son los fascistas, reales o presuntos, sino los demócratas sin el ideal democrático”.

Quizás el trabajo de los que enarbolan el antifascismo debería consistir en desmontar toda la sarta de mentiras de los nuevos populismos reaccionarios y no empeñarse en proclamar una “alerta antifascista” tras cada debacle electoral. Dejar de categorizar con términos ahistóricos y obsoletos a estas amenazas y articular un discurso político para atraer a la clase trabajadora, cada vez más despegada de los partidos de izquierda.

Fuente: Vozpopuli

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