Los votantes católicos, cristianos, están huérfanos… Es urgente la construcción de una alternativa social-cristiana.

Es lamentable que triunfe el mal debido a la inacción de la gente de buena voluntad.

Los cristianos, los que afirman que son católicos, en España, se sienten “huérfanos”, no se sienten representados por ningún partido político de los que se hacen llamar “más representativos”. Tal es así que la mayoría de quienes dicen ser católicos, cristianos, suelen ir a votar con la nariz tapada y con la idea de “votar al menos malo” cada vez que se convocan elecciones. Por supuesto, también los hay que se quedan en casa al no ver ninguna utilidad en ir a votar. Luego, una vez transcurrido el tiempo se quejan de lo mal que lo hacen los gobernantes, y ni los unos (los que votaron al menos malo) ni los otros (los que optaron por la abstención) se hacen responsables de su acción u omisión.

Pero no solo se da esto entre quienes confiesan ser creyentes, que generalmente se da la circunstancia de que pertenecen a la parte de la población que dice ser liberal-conservadora, sino algo más grave: no es exagerado afirmar que las gentes que se ubican ideológicamente o sociológicamente en la “derecha” han renunciado a la batalla de las ideas. Es como si consideraran que es innecesario defender nada, que las formas de convivencia que consideran mejores, por haberse demostrado que funcionan, y que no están necesitadas de apenas reformas, aunque sean susceptibles de ser mejoradas, no hace falta que nadie las defienda, que se defienden por si solas… Que las ideas de las que participa la gente liberal-conservadora son tan buenas que está de más defenderlas, y que incluso sería una pérdida de tiempo.

En alguna manera, la Iglesia Católica de España, también las diversas confesiones que se hacen llamar cristianas, pecan de lo mismo, me refiero a lo de que, hay ideas que se defienden por sí mismas. Posiblemente ese es el motivo por el que, los sacerdotes no advierten a los feligreses desde el púlpito acerca de cuál o cuáles son las mejores, o las malas opciones a la hora de votar, como tampoco lo hacen los medios de información propiedad o con una participación importante de la Iglesia Católica y se abstienen de intervenir.

Son muchos los cristianos, católicos que consideran que no es lógico que la Conferencia Episcopal se abstenga de orientar el voto católico hacia las opciones políticas que están en la misma dirección del mensaje evangélico, y defienden la vida, la libertad, la familia; y no su destrucción como es el caso de quienes han abandonado el humanismo cristiano y abrazado la perversa, totalitaria y liberticida “perspectiva de género”.

Y claro, “así” nos va.

Por más que algunos lo ignoren, o deseen ignorarlo, la democracia civil tiene una íntima relación con el cristianismo, con la doctrina social de la Iglesia, y la mayoría de los valores considerados democráticos, tienen un profundo aroma cristiano: la igualdad, la equidad, el concepto de soberanía, los derechos humanos, especialmente la libertad religiosa, la dignidad de la mujer, el derecho penal, el de familia, son valores cristianos que se han hecho civiles en su evolución histórica y cultural.

Tampoco podemos olvidar, si se quiere ser coherente con la doctrina con la que la mayoría de los españoles dicen identificarse, que el compromiso social-comunitario, de servicio en la vida pública es una de las mayores manifestaciones del amor cristiano.

¿Cómo construir una alternativa social-cristiana?

Evidentemente, poniendo en marcha una alternativa social-cristiana; y sólo cabe hacerlo de una manera: mediante una propuesta política; orientada al bien común desde la perspectiva cristiana.

Hemos llegado en España a tal situación de orfandad del voto cristiano que, la gente opta por lo “menos malo” y se conforma con baratijas, con migajas que, guardan relación con proyectos incoherentes y claramente contrarios al mensaje evangélico… Que un partido político proponga una ley a la que denomine “social”, no debe ser la “razón” para se le apoye en todo lo demás que haga o proponga. Porque un partido político afirme que está en contra del aborto o de la eutanasia, no es motivo suficiente para que deba ser apoyado para siempre y más allá de esos asuntos en particular. Seguir ese camino (como muchos cristianos hacen en la actualidad), acaba convirtiendo a los cristianos, al Cristianismo en subalterno de otras formas de pensar, generalmente contrarias y en muchas ocasiones, enemigos declarados de la Civilización Judeo-Cristiana…

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Es hora ya de decir basta a este terrible error, pues acabará teniendo consecuencias catastróficas.

En España la Iglesia Católica, los cristianos, pese a contar con multitud de medios, poseen una presencia insignificante, casi testimonial en la vida pública y, por supuesto, la capacidad de influencia en las instituciones de quienes se dicen cristianos es nula o anecdótica… No es de extrañar que los enemigos del cristianismo perciban a los creyentes como algo a extinguir, como gente débil, y pretendan acabar con nuestra forma de vida, nuestra tradición, con la institución familiar, con el matrimonio y tantas cosas más que los cristianos consideran –dicen- irrenunciables.

Los cristianos no pueden seguir por más tiempo sin dar respuesta a quienes cuestionan sistemáticamente el derecho a la vida, o la idea cristiana de matrimonio; los cristianos no puede seguir mirando para otro lado y sin hacer frente a quienes pretenden rediseñar la sociedad, imponiendo una determinada forma de educación, claramente contraria al mensaje evangélico, empezando por negarle a los padres el derecho –y la obligación- de educar a sus hijos.

La destrucción del matrimonio, la familia, la paternidad y maternidad, significa condenar a España a no levantar cabeza. Y es que la perspectiva cristiana, tanto en las cuestiones de las que vengo hablando, como en muchas otras, es objetivamente la más adecuada porque permite los mejores resultados, porque responde a las necesidades profundas del ser humano y de la sociedad, y todo ello, que los cristianos se supone que tienen tan claro y consideran evidente, desgraciadamente no lo utilizamos para salir a la palestra política.

En España existe un déficit de estudio y reflexión, de ausencia de vocación de servicio que, ya ha acabado contagiando a la propia Iglesia en España, en la que, sin duda, fallan la formación y sensibilidad política.

¿Qué sentido tiene entonces la doctrina social de la Iglesia?  ¿Para qué sirve si no guarda relación con la realidad, que se quiera o no se quiera ver es “política”? Nunca se ha de olvidar que el compromiso con el Evangelio, resaltado por los últimos Papas de manera insistente, conduce obligatoriamente a la acción, a participar en la vida pública por parte de los cristianos.

Sin duda, es extraordinaria, magnífica, imprescindible, la labor social y solidaridad de la Iglesia, y más en estos tiempos de la maldita epidemia del coronavirus, y el tiempo post-pandemia que está por llegar, pero no basta, no es suficiente si no se actúa sobre las causas que ocasionan los problemas. No basta con ir vaciando el barco cuando hace aguan, no basta con intentar tapar algunos agujeros de la nave, si no se acude también a taponarlos de una vez por todas.

La ayuda a los más necesitados (sin caer en el “pauperismo”), a los más débiles y abandonados, es mandato de Dios y hay que reconocer que son muchos los cristianos comprometidos que lo hacen muy bien, pero hay más mandatos imperativos que van en el paquete de ser cristiano. También es de obligado cumplimiento por parte del cristiano practicante, extender el Reino de Dios y erradicar las estructuras de pecado, y nada de ello son abstractos imaginarios, sino instituciones, leyes y organizaciones concretas.

La comunión con los demás miembros de la Iglesia sólo se puede conseguir con la práctica, rompiendo barreras y colaborando en objetivos comunes.

La política forma parte de la redditio cristiana, de la capacidad del creyente de adherirse existencialmente al mensaje evangélico, y de ese modo trasmitir gratuitamente todo lo que Dios nos ha dado; sin duda alguna, la única forma de expresar lo que se ha recibido. El compromiso al servicio de la vida pública es una de las mayores manifestaciones del amor cristiano a condición de que sea entendida como lugar de perfeccionamiento cristiano.

Comprometerse con actitud de servicio en la vida pública es una de las mayores manifestaciones del amor cristiano, como afirmaba más arriba, y no cabe escudarse en que, el debate público aborda generalmente cuestiones complejas que, a pesar de su trascendencia social, la gente no tiene idea de que le afecten directamente y, por lo tanto, una gran mayoría no considera que haya que poner mucha atención en ellas.

¿Reforma de la Administración de Justicia? ¿Forma de organización del Estado, necesidad o no del Senado, necesidad de recentralización y eliminación del “estado de las autonomías”…? ¿Inmigrantes que intentan entrar en España por Ceuta y Melilla? ¿Política exterior? ¿Aborto, Eutanasia? ¡Uffff… no me “caldees la cabeza”!!!! que diría más de uno…

El cristiano no puede mirar para otro lado, ponerse a silbar y decir que, ¡Bastante abrumado me siento ya con las actividades en mi vida cotidiana, como para atender a esos problemas!

El católico, el cristiano coherente está obligado moralmente a que, su voto llegue a ser determinante, influyente en el resultado de las elecciones, para lo cual, debe empezar por estar bien informado. Si su pretensión es que la terrible situación que sufrimos España y los españoles cambie, debe implicarse y tratar de arrastrar con su ejemplo, dando testimonio de su fe, a implicarse también a otros cristianos…

¿Acaso existe otra opción?

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