La economía de Hungría creció entre 2010 y 2022 un 42% con la gestión de Viktor Orbán, el triple de la media de la Unión Europea durante el mismo tiempo.

Las reformas estructurales realizadas en la economía húngara, durante la gestión de Viktor Orbán, fomentaron el crecimiento y el desarrollo social del país.

Entre 2010 y 2022 Hungría creció casi el triple de lo que de lo que crecieron, como media, los 19 países que forman parte de la Eurozona.

Mientras la mayor parte de los países de la Unión Europea y la Eurozona se enfrentan un peligroso estancamiento, la economía de Hungría se expande al ritmo más vertiginoso desde la década de 1990, despegándose así del fracaso europeo.

Durante el tiempo que Viktor Orbán lleva gobernando Hungría, se ha optado por una profunda agenda de reformas estructurales. El impuesto equivalente al IRPF de España dejó de aplicar tasas progresivas y elevadas, y fue simplificado a partir de 2011 en un “Flat Tax”, una tasa uniforme del 16% hasta 2015 y 15% desde 2016.

Los impuestos para las sociedades fueron simplificados y rebajados del 20% al 19% de las utilidades no distribuidas en 2010, y más tarde la alícuota (tipo impositivo proporcional) se fijó en el 9% a partir de la reforma tributaria de 2017. Este tratamiento tributario para las empresas es uno de los más competitivos del mundo, y una de las razones por las cuales Hungría se negó a aceptar la aplicación del impuesto a las empresas mínimo internacional del 15% como propuso el presidente estadounidense Joe Biden.

También se emprendieron reformas para la reducción del tamaño del Estado y la desregulación de la economía. Entre otras reformas, se eliminaron las barreras a la entrada y/o salida de capitales, se desreguló el mercado doméstico de transportes, se determinó la flexibilización de la legislación laboral para garantizar la competitividad del país, y se fomentó la apertura arancelaria del país adoptando la unión aduanera.

La administración Orbán abogó por una estricta disciplina fiscal, ya que Hungría mantuvo el superávit primario sin excepción entre 2012 y 2019, habiéndose perdido durante el shock provocado por la pandemia en 2020. El déficit del Estado húngaro solamente se explica por el pago de intereses de deuda pública.

Mientras la Unión Europea optó por la consolidación de la socialdemocracia (el llamado «estado del bienestar») y un excesivo arsenal de regulaciones y tasas impositivas, la administración de Viktor Orbán se decidió por la aplicación del Consenso de Washington.

Comparación entre el crecimiento del PBI de Hungría y el PBI de la Zona Euro.

Los resultados fueron contundentes para cada rumbo elegido. La economía de Hungría acumuló un fuerte crecimiento del 41,5% entre el segundo trimestre de 2010 y el segundo de 2022. El crecimiento para el PBI promedio de la Eurozona alcanzó solamente el 15,1% durante el mismo período. La brecha de crecimiento entre ambas esferas económicas persiste desde el año 2000 y se profundizó a partir de 2010.

Si bien es cierto que el pobre crecimiento poblacional es un factor relevante para la explicación de la estabilización y relativo estancamiento de la expansión económica, no lo es en la comparación entre Hungría y otros países europeos porque la población húngara no crece desde el año 1982.

La falta de crecimiento poblacional en la Eurozona no puede ser una excusa para explicar su deterioro relativo con respecto a Hungría porque este último país estuvo expuesto al mismo problema demográfico, y al mismo tiempo consiguió elevadísimas tasas de crecimiento. El estancamiento de Europa es una consecuencia de la aplicación de la socialdemocracia hasta sus últimas consecuencias.

El diferente crecimiento entre Hungría y la Eurozona, medido por la expansión del PBI desde 1995 como “base 100”, se situó en el 9% para mediados del 2010 y actualmente alcanza hasta el 35% acumulado desde los años 90.

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