Hasta los ecologistas empiezan a admitir que no hay «emergencia climática»

M. Llamas

Cada vez son más las voces que alertan sobre la gran mentira del «alarmismo» climático, desde antiguos activistas de Greenpeace a expertos del IPCC.

No todos los ecologistas piensan lo mismo sobre el cambio climático y sus catastróficas consecuencias para el futuro del planeta y de la humanidad. También los hay escépticos e incluso arrepentidos de su militancia verde tras comprobar la deriva que está adoptando en los últimos años el movimiento ambientalista.

Este es el caso del doctor Patrick Moore, cofundador de Greenpeace y actual director de CO2 Coalition, una fundación apartidista que educa a los líderes políticos y al público sobre las importantes contribuciones del dióxido de carbono tanto a la naturaleza como al conjunto de la economía, lo cual contrasta radicalmente con el mainstream científico.

Moore participó activamente en la primera campaña de Greenpeace contra las pruebas de bombas atómicas en Alaska. Tras doctorarse en Ecología, estuvo 15 años en el comité directivo de la organización. A principios de la década de 1980, Greenpeace ingresaba más de 100 millones de dólares al año y contaba con cerca de 1.000 empleados en nómina. Se había convertido en un negocio y la recaudación de fondos pasó a ocupar el primer lugar en la lista de prioridades.

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Como resultado, «las nuevas campañas se centraban más en utilizar el sensacionalismo, la desinformación y el miedo para atraer donaciones», según explica. Fue entonces, en 1986, cuando Moore decidió dejar Greenpeace. En 2013, publicó Confesiones de un desertor de Greenpeace para contar su experiencia dentro de esta entidad. Y en su última obra, Falsas catástrofes invisibles y amenazas de fatalidad, publicada en 2021, arremete contra el alarmismo climático que, hoy por hoy, venden al unísono la mayoría de gobiernos y medios.

«Un día caí en la cuenta de que la mayoría de las historias de miedo que aparecen hoy en los medios de comunicación se basan en cosas que son invisibles, como el CO2 y la radiación, o muy remotas, como los osos polares y los arrecifes de coral. Por lo tanto, el ciudadano medio no puede observar y verificar la veracidad de estas afirmaciones por sí mismo. Deben confiar en los activistas, los medios de comunicación, los políticos y los científicos -todos los cuales tienen un enorme interés financiero y/o político en el tema- para que les digan la verdad», explica.

«Este es mi esfuerzo, después de 50 años como científico y activista medioambiental, para sacar a la luz la desinformación y las mentiras descaradas que se utilizan para asustarnos a nosotros y a nuestros hijos sobre el futuro de la Tierra», añade.

«Se nos dice que la energía nuclear es muy peligrosa, cuando las cifras demuestran que es una de las tecnologías más seguras. Se nos dice que los osos polares se extinguirán pronto, cuando su población ha crecido de forma constante durante casi 50 años. Nos dicen que hay algo nocivo en los cultivos de alimentos modificados genéticamente cuando es invisible, no tiene nombre ni fórmula química. Nos dicen que los graves incendios forestales están causados por el cambio climático, cuando en realidad están causados por una mala gestión de la carga de combustible (madera muerta) en el bosque. Nos dicen que todos los arrecifes de coral morirán en 2100, cuando en realidad los arrecifes de coral más diversos se encuentran en los océanos más cálidos del mundo. Y, por supuesto, se nos dice que el CO2 invisible procedente del uso de combustibles fósiles, que representa más del 80% de nuestro suministro energético, hará que la Tierra sea demasiado caliente para la vida».

Moore sentencia: «Todas estas historias de miedo, y muchas más, sencillamente no son ciertas». En una reciente entrevista, afirma categóricamente que «el alarmismo climático es 100% falso». «No estamos en una crisis climática». Y añade, a modo de ejemplo, que este verano se anunció el día más caluroso en la historia de la Tierra, «y no lo es, eso es, sencillamente, mentira».

«Greenpeace fue secuestrada por la izquierda»

En otra de sus habituales entrevistas explica que el «consenso sobre el cambio climático» no es tal y responde a intereses económicos y políticos. «Si eres profesor en una universidad y no estás de acuerdo con el tema del clima, no recibirás dinero […] Y este es el consenso. Está comprado y pagado. Y eso es lo que está pasando».

Ecologistas, científicos y medios están «confabulados, ganando un montón de dinero con esto. Siempre ha habido escenarios climáticos apocalípticos. Y, sin embargo, por alguna razón, la fatalidad nunca ha ocurrido. Quiero decir, como el fin de la Tierra. Simplemente, parece que nunca sucede, no importa con qué frecuencia lo predigas». Y explica que «si desafías la narrativa del consenso sobre el desastre climático, serás rechazado».

Y sobre las consecuencias de la política de cero emisiones de CO2, advierte de los riesgos de seguir por esta senda. «Ahora se meten en la agricultura y amenazan con cortar el suministro de alimentos, porque los alimentos están causando el calentamiento global […] Sólo los multimillonarios podrán permitirse comprar alimentos, y ahora todas las demás personas morirán porque no hay suficientes alimentos. A eso nos dirigimos si seguimos escuchando a esta gente».

«Provocarán una ruina como nunca ha visto la Tierra, porque somos más de 8.000 millones de personas y 4.000 millones de nosotros dependemos de los fertilizantes nitrogenados, que ahora dicen que son malos porque son gases de efecto invernadero o lo que sea… Todo es completamente falso. Al igual que la campaña contra el CO2».

El cofundador de Greenpeace, Dr. Patrick Moore, sobre las consecuencias genocidas del Net Zero:

«Ahora se meten en la agricultura y amenazan con cortar el suministro de alimentos, porque los alimentos están causando el calentamiento global… Sólo los multimillonarios podrán… pic.twitter.com/OHBqVWrbNC— Emmanuel Rincón (@EmmaRincon) July 29, 2023

Sobre su decisión de abandonar Greenpeace, Moore indica que llegó el punto en el que el movimiento ambientalista, incluido Greenpeace, «básicamente caracterizaba a los humanos como enemigos de la naturaleza. Somos los enemigos de la Tierra. Era algo así como los seres humanos son la única especie malvada en el planeta, e incluso las cucarachas son mejores que nosotros«.

En última instancia, «Greenpeace fue secuestrada por la izquierda política porque eran más inteligentes en política que nosotros, que, en realidad, no éramos políticos, éramos activistas. Sabíamos cómo llamar la atención de la gente y cuáles eran los verdaderos problemas. De repente, estos tipos dicen que debería prohibirse el cloro. Y fue sólo un programa de recaudación de fondos basado en información incorrecta. ¿Cómo podría estar involucrado en eso? No había elección. Tuve que irme».

«Exagerar» para poder publicar

Moore no está solo. Patrick T. Brown, científico del clima y profesor de la prestigiosa Universidad Johns Hopkins en Estados Unidos, acaba de admitir que las revistas científicas rechazan estudios sobre el cambio climático si no «respaldan ciertas narrativas». Y, de hecho, favorecen investigaciones «distorsionadas» que exageran los peligros y consecuencias del calentamiento global.

Lo relevante es que no es una mera opinión. El propio Brown no ha tenido en cuenta ciertos «aspectos clave» para poder publicar en la prestigiosa revista Nature. Su artículo, bajo el título El calentamiento climático aumenta el riesgo extremo de crecimiento de incendios forestales diarios en California, se centró exclusivamente en el cambio climático e ignoró intencionadamente otros posibles factores explicativos.

En un artículo en The Free Press, el doctor Brown dijo: «Sabía que no debía intentar cuantificar en mi investigación aspectos clave distintos del cambio climático porque diluiría la historia que revistas prestigiosas como Nature… quieren contar».

«El fin del mundo no está cerca»

Por su parte, Richard Tol, economista del clima, ha publicado recientemente un artículo en el periódico alemán Frankfurter Allgemeine Zeitung con el polémico título El fin aún no está cerca«El cambio climático es un problema, pero no es el apocalipsis. El miedo equivocado a la extinción provoca exageración y políticas excesivas de protección del clima».

Tol, profesor de Economía en la Universidad de Sussex y de Economía del Clima en la Universidad Vrije de Ámsterdam, asume la tesis dominante de que existe calentamiento y, en parte, es provocado por el hombre, pero sus consecuencias no son catastróficas, ni mucho menos. «El cambio climático es real, es causado por los humanos y es un problema que debe resolverse. Sin embargo, el cambio climático no representa una amenaza existencial, al menos no para la humanidad».

Tol dimitió en 2014 como experto integrante del Panel Intergubernamental sobre el Cambio Climático de la ONU (IPCC) en protesta contra el «alarmismo» climático. Y es que, muy al contrario de los defensores del «decrecimiento», que abogan por parar la producción y frenar el desarrollo para evitar el calentamiento, este economista defiende que la riqueza es la solución, puesto que las economías más ricas son mucho menos vulnerables a los efectos del clima y se adaptan mucho mejor.

Aire acondicionado para combatir el calor, diques para evitar inundaciones, mejores construcciones e infraestructuras para aguantar tormentas y huracanes… La cuestión es cómo adaptarse a los cambios del clima. «Los impactos climáticos pronosticados no son tan malos como algunos quieren hacernos creer. El cambio climático es sin duda un problema y el mundo estaría mejor sin él. Pero no es el apocalipsis».

Además, los peores efectos del cambio climático «son síntomas de subdesarrollo y mala gestión. Esto significa que siempre debemos preguntarnos cuál es la mejor manera de mejorar el destino de las personas del futuro. ¿Se trata de reducir las emisiones de gases de efecto invernadero o de desarrollo económico?«.

«El cambio climático es un problema, pero no es el fin del mundo. La gente vive y prospera cerca de los polos y el ecuador, en el desierto y la selva tropical. El Homo sapiens sobrevivió a tres glaciaciones y a las erupciones volcánicas de Toba y Archiflegreo armado con poco más que fuego, herramientas de piedra y pieles de animales […] Somos capaces de sobrevivir en climas extremos», señala.

Los ecologistas insisten ahora en «el apocalipsis inminente», ya que es «una forma eficaz de cautivar al público. Y eso es exactamente lo que quieren los ambientalistas. Sus líderes necesitan atraer mucha gente y donaciones porque de ahí obtienen su poder e influencia. La historia del apocalipsis como vehículo del cambio climático encaja bien con la descripción de las emisiones como pecado y las reducciones de emisiones como expiación. Es una brillante estrategia de marketing», añade.

«El fin está cerca suele ir seguido de pero sólo yo puedo salvarte. Los políticos quieren crear un legado, algo que sea recordado durante años o siglos. ¿Qué mejor legado que salvar al mundo de una destrucción segura? A todos nos gustaría ser como los héroes del cine Will Smith, Angelina Jolie o Bruce Willis. Por eso los políticos exageran el problema climático que quieren resolver», aclara.

«los periodistas también participan. Un titular que dice calor sin precedentes se vende mejor que hemos estado aquí antes. Una historia sobre una catástrofe inminente funciona mejor que una presentación matizada de riesgos y oportunidades. Un científico que advierte sobre los horrores venideros recibe más atención en la televisión que un profesor que analiza cautelosamente los peros. No es de extrañar que el público en general tenga una comprensión distorsionada de las consecuencias del cambio climático».

«Falsas profecías»

Según Tol, «las profecías catastróficas se pondrán a prueba dentro de unos años». La Organización Meteorológica Mundial predice que lo más probable es que las temperaturas globales superen el umbral de 1,5 grados Celsius antes de 2028. Pero «el mundo no se acabará. Las olas de calor, las sequías y las tormentas serán un poco peores de lo que ya son, pero la vida seguirá».

«Hay una larga historia de profecías fallidas», aclara. Y «la creencia equivocada en un apocalipsis climático está llevando a la gente al extremismo», estableciendo, además, objetivos que pueden resultar muy contraproducentes, como la reducción de las emisiones de dióxido de carbono a cero en 2050.

«La mayoría de la gente cree que las emisiones deberían disminuir, pero pocos piensan que deberán pagar más por su energía o que serán penalizados por la política climática». Por eso, según Tol, si se comprendiera que las consecuencias del calentamiento no son tan nefastas, la humanidad se podría adaptar a este cambio sin caer en los costes tan perjudiciales y elevados que imponen las actuales políticas climáticas.

FUENTE: https://www.voziberica.com/wp-admin/post.php?post=15716&action=edit

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