EXPEDIENTE ROYUELA, TERCERA PARTE: «CON LA MASONERÍA… HEMOS TOPADO».

Aventuras y desventuras de mis años de injusto encarcelamiento…

Santiago Royuela para Voz Ibérica

Hoy deseo hablarles, a los lectores de VOZ IBÉRICA, de otros aspectos y connotaciones, aparte de los estrictamente «jurídicos» que, también pueden apreciarse  en torno al conocido Expediente Royuela

Les hablaré de ciertas experiencias, íntimas, personales que viví en prisión, las cuales debéis entender y situar en su contexto, dado el auténtico drama que supone el Expediente Rayuela. Desde un punto de vista social, estamos ante una auténtica barbaridad, llevada a cabo por criminales que bien podrían ser calificados de auténticos psicópatas, rozando lo que comúnmente se ha venido a llamar “diabólico”. Pero, pensándolo bien, sin centrarme sólo en los crímenes que se detallan en ese fichero de información paralela, al servicio del crimen, nos encontramos toda una historia que, observada desde otras perspectivas, bien podría calificarse de un combate espiritual.

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Mi hermano Javier (E.P.D.) siempre guardaba y leía la obra de Mauricio Carlavilla del Barrio (también conocido por el seudónimo Mauricio Karl, fue un policía, escritor y editor español, de pensamiento anticomunista y anti-masón; publicó más de una docena de obras sobre el comunismo y masonería.), muy amigo de la familia y padrino de mi hermano Mauricio. En los años del franquismo tardío, Don Mauricio Carlavilla, un policía muy vinculado al régimen franquista, solía dar clases de formación política, religiosa y sobre lo que él consideraba el gran enemigo de la humanidad, la masonería. Mi padre, junto a otros camaradas, se formó bajo esa escuela, que procedía de obras extensas sobre estudios acerca de la masonería como las de Monseñor León Meurín o Leo Taxil, ex masón que acabó acusando a la Masonería de satanismo.

Al margen de esos 33 grados del Rito Escocés, madre de los demás ritos, o de los 90 grados del rito de Misraim, superior al escocés en número de grados, pero inferior en valor intrínseco, están los verdaderos misterios velados en todo el sistema masónico, los verdaderos misterios de los Jefes desconocidos…

Finalmente, detrás de los Jefes, se oculta el verdadero inspirador y Jefe Supremo de derecho de toda la masonería: Satán. Así de claro lo expone Don Mauricio Carlavilla en su libro “Simbolismo de la Masonería”. Y es así que recuerdo largas charlas con mi hermano Javier acerca de los enemigos de la cristiandad y la humanidad. Solía decirme que la política no valía para nada, que era opio para el pueblo, para adormecerlo o enfrentarlo y entretenerlo, que el auténtico combate era un asunto espiritual, de religiones, entre el hombre antiguo frente a la posmodernidad a la que nos ha conducido el derrumbe de la cristiandad, golpeada fuertemente por la masonería en los últimos siglos a base de promover todo tipo de revoluciones, penetrando incluso en el pensamiento de muchos católicos.

No quiero posicionare al respecto, tan solo comentar las charlas que solíamos tener a menudo, pues era profundamente creyente.

¿Quién le iba a decir en aquél entonces que, su asesinato sería ocultado por la Masonería? Parece curioso, pero es así.

El fiscal Mena (uno de los principales protagonistas del Expediente Royuela) miembro de la Gran Logia de España, ante la querella que mi padre presentó contra él, en el año 2006, no dudó en contactar con José Carretero, Gran maestre de la Gran Logia de España en aquellos años, para que hablara con el presidente socialista José Luís Rodríguez Zapatero, otro masón, miembro de la Logia “Humanidades” -¡También tiene gracia el nombre y el asunto!-. Igualmente, se puso en contacto con otro masón de Uruguay, Emilio Bazzaco que, a través de la “Internacional Masónica Iberoamericana”, logró convencer al presidente más inútil y nefasto que ha tenido España, Zapatero, para que a su vez hablara con los Magistrados de la Sala Segunda del Tribunal Supremo y encontraran una “salida airosa” a la complicada situación en la que estaba inmerso el Fiscal Mena.

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Cándido Conde-Pumpido

 Como Cándido Conde-Pumpido (fiscal general del Estado desde abril de 2004 hasta diciembre de 2011), confesó por carta al fiscal Mena, la Sala de lo Penal del Tribunal Supremo de España se mostraba “pro-royuelista” en su mayoría… pero la enorme capacidad de influencia de la Masonería terminó desequilibrando la balanza de la “justicia”. A pesar de las cartas cruzadas entre los fiscales Cándido y Mena para boicotear la querella que había presentado mi padre, Alberto Royuela, y que fueron interceptadas y aportadas en “tiempo y forma”, la Masonería consiguió que no se hiciera justicia por el asesinato de mi hermano Javier, de su amigo Jorge Xurigué y de 32 asesinados más que, de los que se aportaron información en la mencionada querella. Ahora puedo decir que, en aquellas charlas nocturnas en las que mi hermano me hablaba de historias como las de J.B. de Molay, adoradores de Baphomet y otras “deidades”, entre muchas otras, Javier Royuela estaba cargado de razón cuando afirmaba con rotundidad que “ellos dominan el mundo”… sin duda alguna, estamos hablando de un combate entre el Bien y el Mal.

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Les recuerdo que, yo me formé en las filas de la mal llamada “extrema derecha”, y también compartí esas ideas sobre los poderes fácticos que, dominan y controlan el mundo, avocándolo al abismo. Si eres creyente, no puedes escabullirte, no puedes obviar la existencia del mal y del demonio. No, no es una broma para asustar a niños (como el cuento del hombre del saco) o para manipular, anestesiar, narcotizar a la población… cuando uno obvia la realidad acaba pagando las consecuencia, pues, inevitablemente tarde o temprano, se acaba viendo implicado en ese combate.

En el verano de 2012, dos meses antes de finalizar mi primera condena por terrorismo -sentencia amañada por el fiscal Mena, quien chantajeó al presidente de la Sala para que me condenara injustamente-, me encontraba en el módulo 1 de la prisión de Brians 1. Mi padre había enfermado y estuvo a punto de morir, muy probablemente debido a un envenenamiento, pues tenía en su poder toda la documentación del “Expediente Royuela” y las diligencias que en el 2009 abrió el Tribunal Superior de Justicia de Cataluña.

 Yo me estaba bastante hundido y acabé sufriendo una crisis psicótica, debido a todo cuanto sabía acerca de la corrupción en la justicia y el degaste de 6 años de prisión; también habían abierto una investigación policial fraudulenta en donde la fiscalía solicitaba para mí 55 años de prisión acusándome de tres intentos de asesinato, como consecuencia de unos hechos que no fueron más allá de una simple pelea entre “subasteros”. Sea como fuere, padre e hijo que sabían “demasiado” y poseían el Expediente Royuela, debían ser neutralizados por todos los medios, bien envenenando al padre que llegó a desarrollar una aplasia medular al borde de la muerte, bien hundiendo todavía más a su hijo -yo mismo- que ya cumplía injustamente una condena de 6 años y que, en un permiso, tras un “rifi-rafe” en una discusión entre subasteros donde nada trascendente sucedió, la fiscalía terminó solicitando una pena de 55 años de prisión.  

En aquel verano en la prisión de Brians, mi cabeza “estalló” y perdió el control. Comencé a delirar acerca del asesinato de mi hermano. Dos funcionarios me atendían mientras yo, totalmente enajenado, les decía “mi padre mató a mi hermano” -la cabeza la tenía hecha un lío-; había llegado a distorsionar el asunto en mi mente, llegando a pensar que mi padre estuvo detrás de ese asesinato a falta de toda la información a la que no podía tener acceso desde prisión y debido a otras fuentes de distorsión que, por no extenderme demasiado, habían llegado a mi conocimiento. Era algo extraño e irracional, fruto de un estrés tras 6 años de prisión y diversas investigaciones fraudulentas hacia mi familia y mi persona. Terminé en la unidad psiquiátrica gritando: <<Mena, Gerard Thomas….yo os perdono en el nombre de Dios>>, mientras por mi mente corrían delirios que me hacía creer que iba a ser sacrificado, a la vez que me ataban a una camilla para contenerme, y pensaba que era observado por un gabinete de expertos mundiales, pero que todo y así, no iba a morir, dando cuenta de la segunda llegada de Cristo. Mientras me ataban y yo vociferaba en delirios místicos, mi corazón se iba acelerando, corriendo el riesgo de sufrir una parada cardíaca ante la profunda vivencia que, yo sentía en mi estado de psicosis, pues pensaba que iban a matarme. Finalmente, recuerdo que me encomendé a la Santísima Virgen y de golpe todo ese estrés cesó y mi cuerpo se calmó de golpe.

Una de las enfermeras, con cara atónita, le dijo a otra: <<ha sido como una implosión…ha cesado de golpe>>…más tarde me preguntaron si yo era creyente. Había una razón de ser dentro de esa psicosis fruto del estrés postraumático de todo lo que suponía ser conocedor del Expediente Royuela, del envenenamiento de mi padre a punto de morir, del asesinato de mi hermano, de llevar 6 años preso… de una solicitud de una pena de 55 años por parte de la Fiscalía por, poco más que una simple discusión entre subasteros enfrentados, en la que nada sucedió; todo ello me condujo a un estado de psicosis que pude superar en apenas unos días.

            Una vez pasado este episodio psicótico, me junté con un preso mayor que yo, Amaya quiero recordar que era su apellido. Se había convertido al budismo y practicaba yoga en el patio enseñando a otros presos. Estaba condenado por varios asesinatos y llevaba más de 15 años preso. Fuera por lo que fuera, me vio mal y me acogió en su grupo, con el que practicaba yoga. Me contó su vida muy por encima. De joven había militado en el Frente de Juventudes, en el “Hogar león” de Barcelona. Ya había abandonado sus creencias cristianas y, ya como miembro de la filosofía budista, me dijo que él había venido a esta vida para ser un asesino y superar esa condición. Me contó que, analizando su vida, él fue enseñado únicamente para matar de forma profesional.

            Del Frente de Juventudes (organización juvenil del Régimen del General Franco) y debido a sus ideales, fue captado por los servicios secretos del Estado de aquel entonces. Tras ingresar en “falange” (Falange Española Tradicionalista y de las JONS, partido único del franquismo), le proponen, con el tiempo, si quiere ir más allá en la lucha por aquellos ideales. Amaya decidió seguir ese camino al que le empujaba su idealismo y patriotismo. El mando que le guiaba y le ofrecía un nuevo destino en los servicios secretos le dijo que, cuando estuviesen en formación el día que tocaba presentarse al servicio militar, él debía dar un paso adelante como objetor de conciencia, renunciando a dicho servicio. Luego sería conducido a un despacho donde otro contacto le esperaba y así, haciendo como que era un “traidor” que se negaba a servir en el ejército, lo enviaron a Argentina junto a otros compañeros que también habían sido captados. Una vez en Argentina, pasó a formar parte de la ESMA donde fue entrenado única y exclusivamente para matar. Amaya me comentó que, a pesar de que ya era el año 1978 y Franco había muerto y en Argentina eran los tiempos del General Videla, aún tuvo que seguir haciendo “favores de Estado”… Amaya, con el tiempo, se dio cuenta de que esos ideales que le llevaron a ser captado por los servicios secretos, no eran a los que sirvió en Argentina, sino al poder en sí mismo, favores de Estado que se debían unos a otros. Me dijo que se desengañó de la política, que sólo le habían educado desde bien joven para asesinar, que los ideales eran una mentira. Me dijo que fue en “esos mundos” donde conoció a la Masonería, cómo actuaban y cómo dominaban el mundo.

Una vez acabaron sus misiones en Argentina, regresó a España sin futuro alguno, lejos ya de esos ideales en una democracia nueva… todo lo que había hecho no había servido más que para servir a intereses de estado lejos de cualquier ideal. Y es así que pasó a convertirse en un sicario a sueldo del mejor postor, sin servir ya a ningún ideal más que el obtener dinero, pues era lo único que él sabía hacer, matar. Finalmente cayó preso en Cataluña por asesinato, pero, dentro de lo que fue su condena, los servicios secretos siempre rinden algún favor a sus antiguos colaboradores, siendo así que fueron algo benevolentes en su proceso judicial y penitenciario. Amaya me contó que eran masones quienes le ayudaron por sus favores en Argentina cuando lo enviaron a la ESMA. Tuvimos largas charlas, Amaya estaba plenamente convencido, siendo conocedor de historias muy directas y en primera persona, del poder mundial de la masonería para el control del mundo.

            Me hubiera gustado haber seguido en contacto con Amaya, aquel preso convertido al budismo tras haber sido un sicario al servicio del Estado español, argentino y vayan ustedes a saber qué otros intereses más. Por su edad, aspecto y forma de hablar, por mi experiencia de 6 años preso conviviendo con todo tipo de sujetos, supe que contaba la verdad, que el sistema le utilizó en su día para matar, que estaba arrepentido y por ello abrazó el budismo como una vía expiatoria. Era su camino en esta rencarnación, como él me dijo. Sea lo que fuere, era un hombre “antiguo” contra la posmodernidad.

            Lejos de esta experiencia penitenciaria, hay que tener presente dónde se hallaba el “archivo del crimen” al que hace referencia el Expediente Royuela, en una clínica donde se practicaban abortos ilegales. Algo realmente siniestro, de un lado el negocio criminal del aborto ilegal siendo el fiscal Jefe de Cataluña socio del Doctor Carlos Morín en la ilegalidad, con toda una red clientelar nacional e internacional de abortistas que incluso cubrían y protegían a base de contactos con logias masónicas para presionar a quienes denunciaban a las clínicas del Doctor Morín, conocido en esas fechas por ser el mayor “abortero” del país, un doctor que, para mayor inri, era portador del VIH. Pero no sólo era siniestra esa clínica por estos crímenes hacia seres totalmente indefensos, sino que en ella se ocultaba todo un archivo secreto y paralelo del crimen, donde había expedientes de más de mil asesinatos perpetrados desde la fiscalía de Cataluña…una clínica realmente siniestra, pero oculta a los profanos, como suele trabajar la masonería.

El doctor Calos Morín, director de la clínica barcelonesa Emece, que supuestamente practicaba abortos ilegales a mujeres embarazadas sanas de hasta más de siete meses procedentes de toda Europa.
Dr. Carlos Morín

            La providencia o el destino quiso que una periodista danesa filmara y evidenciara cómo se practicaban abortos ilegales por parte del doctor Morín. Pronto corrió la noticia y saltó la denuncia en el año 2006 desde tres personas jurídicas: el partido político Alternativa Española, el Círculo de Estudios Santo Tomás Moro y el movimiento católico e-cristians. Las pruebas eran contundentes y el fiscal Mena, al frente de la fiscalía de Cataluña, no pudo frenar la orden de entrada y registro en dicha clínica por parte del juzgado de instrucción nº33 de Barcelona, a cargo de la juez Elisabeth Castelló Fontova -recordad este nombre, pues reaparecerá en el ER más adelante en el 2009-. Pero, por otra parte, el fiscal Mena sí contaba con determinados policías compinchados con él en el registro para ayudar al doctor Morín si lo precisaba. El fiscal Mena pudo enterarse semanas antes del registro, siendo así que ordenó al doctor Morín evacuar toda la documentación del fichero de su despacho, al que sólo Morín, Mena y Ruiz tenían acceso, para que fuera conducido a la carretera de “las aguas” y ser destruido quemando el archivo completo. Hemos de tener presente que el fiscal Mena, en esas fechas, ya tenía prevista su jubilación como Fiscal Jefe de Cataluña para finales del año 2006. El fichero iba a ser destruido por completo por orden del fiscal Mena ante esa denuncia providencial.

Alberto Royuela Fernández.

            Pero no sólo fue esa coincidencia “azarosa”, pues resultó que la mujer del doctor Morín era hermana de un antiguo camarada de mi padre en la Guardia de Franco de Falange, Fernando Durán Salmerón. Meses antes de que saltara esta denuncia, en una reunión de antiguos camaradas de Falange, mi padre comentó a Fernando Salmerón su situación vivida con el fiscal Mena, la persecución sistemática a la que había sido sometido y también que era conocedor de ciertos ilícitos económicos. Salmerón comunicó a mi padre que Mena era socio de su cuñado, el doctor Morín Gamarra y le dijo que sabía de la existencia de ese “zulo” secreto donde el fiscal guardaba con celo determinada información. Todo esto sucedió antes de la denuncia contra Morín y el registro a sus clínicas.

            Salmerón puso en contacto a mi padre con personal de la clínica con el fin de que intentaran hacerse con información de ese fichero oculto. Algunas notas llegó a conseguir, pero el acceso era imposible. Se planteó un robo incluso, pero el personal de la clínica no accedió. Sin embargo, al saltar la denuncia y tener que evacuar la información, algunos de los encargados de dicho trabajo eran los que estaban en contacto con mi padre, siendo así que le llamaron y le explicaron que tenían que destruir la información que mi padre tanto ansiaba. Llegaron a un acuerdo y la información, en vez de ser destruida como ordenara el fiscal, fue trasladada al sur de Francia, en donde mi padre efectuó la compra del “fichero siniestro” a los empleados de Morín encargados de destruir la información.

            Fue entonces cuando mi padre abrió la “caja de Pandora”. Su mayor sorpresa fue ver el expediente judicial y las notas relativas al asesinato de mi hermano Javier. Mi padre andaba detrás del fiscal Mena porque le habían estado atormentando durante años y sabía que eran corruptos, pero nunca pudo imaginar que llegaría a destapar más de mil asesinatos, incluido el de mi hermano Javier Royuela Samit. Cosas del destino o la providencia, mírese como a cada cual le guste.

Santiago Royuela Samit

Barcelona, septiembre de 2020.

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