En defensa de Israel (no se equivoquen)

RAMÓN PÉREZ-MAURA

Israel no tiene más remedio que terminar lo que ha empezado. El bombero que acude a extinguir un fuego nunca deja unos rescoldos ardiendo.

La guerra es en sí misma una tragedia que siempre tiene un responsable que la provoca. En las guerras mueren múltiples inocentes a los que el conflicto les pilló allí. Incluso en su casa o en la cama. Y en las guerras siempre mueren combatientes –que quizá no querían luchar en ese conflicto– pero también otras personas que sin ir a esa batalla van al conflicto voluntariamente. Entre estos hay principalmente dos grupos: periodistas y voluntarios de ONGs.

Ambos grupos conocen perfectamente el riesgo que asumen. Yo recuerdo como si fuera hoy el disgusto de mis padres cuando en 1989 les dije que me había ofrecido voluntario para irme a la Guerra del Líbano. No llevaba un mes todavía en ABC cuando escogí pedir que me enviaran a esa guerra. Y después me fui a la Guerra del Golfo, aunque más lejos del frente de batalla que en Beirut donde me alojé en el Hotel Alexander en el que sólo se podían emplear las habitaciones de la fachada que daba al mar por que las del lado contrario estaban llenas de impactos. Al encargado de negocios de la embajada de España, Norberto Ferrer, le debí parecer un insensato imberbe y me acogió a dormir en la residencia, donde todavía había en la pared del comedor restos de la sangre del llorado embajador Perico Arístegui.

Cuando un periodista muere en una guerra está muy bien condenar que eso suceda. Pero no olvidemos que de los muchísimos muertos que le rodean, el único que estaba allí de manera completamente voluntaria era él. Y lo mismo puede decirse con la trágica muerte de los siete voluntarios de la ONG de alimentación en tragedias.

Israel está actuando con enormes precauciones en esta guerra en la que los medios de comunicación occidentales dan mucha más credibilidad a las informaciones de un supuesto «Ministerio de Sanidad» de Gaza –jamás hubo uno– que a las informaciones de las instituciones israelíes, sometidas al juicio de una opinión pública libre.

En estos días tenemos a Pedro Sánchez intentando que no hablemos de los escándalos que le rodean y para ello se ha ido de gira a Oriente Medio a proponer la llamada «solución de los dos estados» y anunciar el inminente reconocimiento del Estado palestino. Esta idea tan brillante requiere un paso sobre el que el presidente todavía no ha hablado y urge un poco que lo haga si pretende llevar a cabo ese reconocimiento en los dos próximos meses –como ha anunciado. Cuando se produzca ese reconocimiento ¿a quién va a reconocer España en Gaza? El control de la franja que no está en manos de Israel lo está desde hace casi dos décadas en manos de Hamas, una organización terrorista internacionalmente reconocida como tal y autora de 1.400 asesinatos al otro lado de la frontera el 7 de octubre. ¿Ahora pactamos reconocimientos internacionales con terroristas? La siguiente puede ser con un nuevo Estado Islámico…

No nos equivoquemos. Israel no tiene más remedio que terminar lo que ha empezado. El bombero que acude a extinguir un fuego nunca deja unos rescoldos ardiendo. Hay que extinguirlo íntegramente. Hamas tiene como motivo de existencia la destrucción del Estado de Israel y si no es finiquitada, volverá a atacar. Ésa es la razón de ser de los terroristas. Los civiles gazatíes son víctimas de Hamas antes que de Israel. Y de una inmensa falta de solidaridad por parte de todos los árabes. ¿Por qué nadie se pregunta cómo es posible que no haya ni un solo país árabe que haya acogido refugiados de Gaza? Ni uno. Y no nos equivoquemos, los pocos refugiados que han salido de Gaza han podido hacerlo por tener también otra nacionalidad, como los que han llegado a España.

La guerra es una inmensa tragedia. Mueren muchísimos inocentes. Y la culpa la tiene quien la provoca antes que quien dispara la bala que mate a unos u otros.

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