El extremeño Marino Barbero, el primer juez linchado por los socialistas… durante el gobierno de Felipe González, por haber tenido la valentía y la decencia de enfrentarse al imperio progre

CAROLUS AURELIUS CALIDUS UNIONIS

Ante el acoso que está sufriendo el juez Peinado, el titular del juzgado que está instruyendo el caso que afecta a Begoña Gómez, esposa de Peter Pan Sánchez por tráfico de influencias y muchos más posibles delitos. Ante las amenazas, presiones, descalificaciones de toda clase, campaña de difamación, e incluso calumnias en los medios afines al gobierno social-comunista de Pedro Sánchez contra el juez Peinado por cumplir con su deber, me viene inevitablemente a la memoria el caso Filesa, una organización montada por el PSOE de Felipe González y Alfonso Guerra (de casta le viene al galgo) de entonces, que recibió unos 1.000 millones de pesetas procedentes de bancos y grandes empresas que pagaban a cambio de recibir informes que nunca se habían realizado. Fue entonces cuando los españoles empezaron a oír hablar de la «financiación ilegal» de un partido político…

Sin duda alguna los españoles decentes le debemos un homenaje de reconocimiento al Juez Marino Barbero por haber tenido la valentía y la decencia de enfrentarse al imperio progre, cuyos capos hicieron lo posible por lincharlo y quemarlo en la hoguera…

Después de una carrera en la Universidad y la Administración, en 1986 el juez extremeño, Marino Barbero, se incorporó al Tribunal Supremo por el cuarto turno, nombramiento aprobado por el Consejo General del Poder Judicial.

En junio de 1991 Barbero comenzó la instrucción de un sumario sobre la corrupción del PSOE. El partido socialista había montado un entramado de empresas para financiarse (Malse, Filesa, Time Export). A estas sociedades, numerosos bancos y grandes empresas pagaban enormes minutas por informes y servicios inexistentes. Por esta vía llegaron al PSOE más de 1.000 millones de pesetas para sus campañas electorales y el referéndum de la OTAN.

El profesor Marino Barbero Santos, fue, y sigue siéndolo, uno de los más prestigiosos penalistas españoles con influencia en los foros del Derecho penal europeo, llegando a formar parte del Consejo Científico Criminológico del Consejo de Europa (Estrasburgo) entre 1979 y 1983.

Era natural de Plasencia (Cáceres) nacido el 14/8/1929, Marino Barbero había nacido en Plasencia (Cáceres) el 14 de agosto de 1929, falleció en Madrid, a la edad de 72 años el 26 de Junio de 2001, dejando tras de si una monumental obra de más de 140 publicaciones entre libros, monografías y artículos publicados en España, Italia, Alemania, Francia, USA y en casi todos los países hispanoamericanos.

Estudió Derecho en la Universidad de Salamanca licenciándose con Premio Extraordinario, fue profesor adjunto de su maestro Antón Oneca y luego encargado de la Cátedra de Derecho Penal, cuando el maestro se trasladó a la Universidad de Madrid.

Cuando el profesor Barbero Santos pronunció en 1963 en la Universidad de Murcia su lección inaugural sobre la Pena de Muerte estaba reciente el caso “Grimau” y la polémica internacional que había suscitado la condena de este terrorista catalán en un Consejo de Guerra y su posterior ejecución.

 Había que tener mucho valor entonces, para en aquel ambiente de crispación y especial dureza de la dictadura franquista contra los disidentes, pronunciarse en contra de la pena de muerte y pedir su abolición en un acto público de la magnitud y trascendencia que tenía la lección inaugural de un joven Catedrático de derecho penal que acababa de acceder a dicho puesto, en una Universidad conservadora, presidida por lo demás por un Rector obviamente afín al régimen franquista.

 Pero el profesor Barbero Santos criticó también otros aspectos muy duros del régimen penal de la dictadura como fue la Legislación especial sobre bandidaje y terrorismo, bajo cuya vigencia se impusieron y ejecutaron en septiembre de 1975 cinco penas de muerte.

Su oposición frontal, enérgica, decida y valiente a estas atrocidades le acarrearon muchos disgustos y sinsabores, como, por ejemplo, que el Ministerio de Educación bloqueara durante algún tiempo su traslado a la cátedra de Derecho Penal de la Universidad Complutense, que había ganado poco antes en concurso de méritos, como ya le había sucedido antes con la toma de posesión de su cátedra en la Universidad de Murcia, cuando  se negó a jurar los Principios del Movimiento, que servían de base ideológica al régimen del General Franco, ¡en 1963, doce años antes de que el General muriera!

Pero nada de esto le hizo renunciar a su defensa apasionada del Estado de Derecho y de los Derechos fundamentales, muy al contrario, en una época en la que hablar de ciertas cuestiones podía acarrear más riesgos que los puramente intelectuales, él insistía con valentía una y otra vez en sus clases, en sus publicaciones y comparecencias públicas, en la crítica al Derecho penal de aquel régimen que para él y para muchos españoles era la negación de los principios jurídicos más elementales que debían inspirar el Derecho penal de un Estado de Derecho.

Marino Barbero Santos accedió, después de la «transición», en 1990 a la más alta magistratura del Estado al ser nombrado Magistrado de la Sala Segunda del Tribunal Supremo, accediendo a la carrera judicial por el cuarto turno, al reconocérsele como uno de los juristas españoles de mayor prestigio.

Llevaba dos años como magistrado del Supremo cuando cayó en sus manos el caso Filesa, una trama de empresas (Filesa, Malesa y Time Export) cuyo objetivo era financiar ilegalmente al PSOE, entonces el partido gobernante, con Felipe González y Alfonso Guerra al frente.

A Marino Barbero el Caso Filesa le tocó el asunto casi de rebote. Le había correspondido «por turno» al magistrado Fernando Cotta que presentó ante el Presidente de la Sala Segunda del Tribunal Supremo todos los pretextos de los que fue capaz para evitar la instrucción. Nadie quería el caso Filesa, o como se dice ahora, «nadie quería aquel marrón».

Cuando Marino Barbero empieza a instruir el caso Filesa, se le niega toda clase de colaboración por parte del gobierno socialista y comenzó a ser víctima de una inmensa ristra de barrabasadas, como ya se ha indicado más arriba, sufrió acoso, fue difamado, calumniado,…

A pesar de los pesares, Marino Barbero, un hombre íntegro, decente, capaz, perseverante…, no se rindió y realizó su trabajo lo mejor que supo, aunque trataran de impedírselo. Empezó por registrar las sedes del PSOE y de entidades financieras como el Banco Arabe Español, siendo consciente de que en realidad no disponía de los medios necesarios para desenredar la trama de negocios fraudulentos emprendidos alrededor del holding Filesa por el Partido Socialista Obrero Español, el partido en el poder desde 1982.

Al mismo tiempo que el Juez investigaba, el felipismo puso en marcha, con la inestimable y bien pagada ayuda mediática de Polanco/Prisa, una enorme cantidad de acciones, maldades a cual más perversa, para boicotear la actuación del magistrado y muy especialmente para desprestigiarlo difamándolo y calumniándolo.

Y como ocurrió en otras muchas ocasiones, uno de los destacados maestros de ceremonias encargados de injuriar y atacar la labor del instructor del caso Filesa fue el patán que gobernaba Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, mamporrero de honor al servicio de sus padrinos, y máximos beneficiarios de Filesa, el dúo González / Guerra.

El 22 de enero de 1993 el impresentable y desalmado paleto acusó -falsamente- a Marino Barbero Santos de haber dejado por pagar un crédito bancario:

 “Si aquí se preguntara a todos los magistrados que van al Supremo, no por su ideología, si cumple, o no, con sus deberes cívicos pagando sus cuentas pendientes con las instituciones financieras, algún juez no estaría investigando como pagan los créditos los partidos políticos y, en especial, el PSOE, sus cuentas bancarias” (El País 23/1/1993). Por supuesto, nunca explicó de dónde sacó, ni cómo, aquella información…, y, sobre todo, por qué un importante cargo socialista defendía, sorprendentemente, la cuenta de resultados de un banco.

Siguió el sinvergüenza afirmando: “Eso es lo que se pregunta en Estados Unidos: si el magistrado mete mano a su secretaria o si paga sus créditos”.

Barbero en tal año 1993, envió un informe a la Sala Segunda del Tribunal Supremo en el que acusaba el PSOE de “comportamiento engañoso” y le imputaba una “abierta obstrucción a la justicia”.

Paralelamente a finales del mismo año 1993, Marino Barbero recibió el galardón al “Mejor jurista del año», el cual le fue concedido por la Facultad de Derecho de la Universidad Complutense de Madrid.

Este cafre sin escrúpulos -Rodríguez Ibarra- que han sufrido los extremeños durante un cuarto de siglo, cuando era presidente de la Junta de Extremadura, y que todavía continúa actuando en la sombra, con la misma capacidad de influencia como cuando era el jefe del PSOE regional, se convirtió en el perseguidor de Marino Barbero durante todo el tiempo que duró la instrucción del caso Filesa.

El 7 de Julio de 1995, Marino Barbero -iluso él- pidió al Consejo General del Poder Judicial (politizado y dominado por el PSOE), que lo amparase frente a las rastreras críticas de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, pues consideraba que su conducta afectaba directamente a su independencia como juez.

La gota que colmó el vaso de la paciencia del magistrado fueron las declaraciones de Ibarra afirmando la siguiente perversidad:

“(Marino Barbero) quiere intervenir en política sin presentarse a las elecciones, dictando sentencias, abriendo y cerrando sumarios, al igual que hace ETA, que quiere participar en la vida política poniendo bombas”... “este juez utiliza los tribunales para influir en la campaña electoral”.

Al serle denegado el amparo por el órgano de gobierno de los jueces por 18 votos frente a 11,  el 31 de julio de 1995, Marino Barbero abandonó la Carrera Judicial.

Casi cuatro años estuvo instruyendo el caso Filesa, con Ibarra pegado a su espalda, dejando el caso con 39 personas imputadas donde figuraban socialistas, empresarios y banqueros.

Paralelamente Barbero interpuso querella contra Ibarra, ante el Tribunal Supremo por desacato, por equipararle a ETA, que fue admitida por el entonces magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Extremadura (TSJEx) Jesús González Jubete en septiembre de 1995, al haber sido trasladada la causa a este Tribunal competente para el caso.

El Auto de procesamiento de Jubete, también un juez decente como Marino Barbero, fue revocado por la Sala de lo Civil y lo Penal del TSJEx, con el informe favorable del fiscal, archivándose la causa penal contra Ibarra.

El Sumario Filesa sería posteriormente desmontado por Bacigalupo, sucesor de Barbero en al instrucción de Filesa,  juez que importó Felipe González de Argentina que rebajó los acusados a 12, protagonista más tarde del linchamiento del juez Javier Gómez de Liaño, instructor del caso GAL, todo lo cual es una muestra de como las gastan los socialistas con la independencia judicial.

Hemos reproducido las intervenciones más significativas del «bellotari», un malvado sin principios, mientras duró la instrucción del caso Filesa por Marino Barbero, intervenciones que extendió al caso GAL y a Liaño al coincidir en el tiempo con Filesa, porque hubo otras declaraciones descalificadoras hacia el juez Barbero como cuando llegó a hacer mofa del magistrado afirmando que se había apuntado a una competición “a ver quien mea más lejos”.

Después de su dimisión como magistrado y su discreta reiterada de la vida pública en 1995, se reincorporó a la docencia falleciendo en Madrid el 27 de Junio de 2001.

En este lapsus temporal, solo concedió una entrevista en noviembre de 1997 al diario ABC, donde denunciaba las brutales presiones recibidas durante la instrucción del caso de corrupción política más célebre de la España posteriro a la muerte del General Franco.

Varios Ministros de Justicia, entre ellos Tomás de la Quadra, la Fiscalía General del Estado, el Tribunal de Cuentas, el presdente del gobierno Felipe González (Felipe González descendió de su Olimpo para quejarse de que al PSOE se le estaba negando la presunción de inocencia, la misma que años después la ley de violencia de género ha arrebatado a los varones), y “el afamado Pascual Sala”, a la sazón presidente del CGPJ habían obstaculizado su investigación, de tal modo, afirmaba el juez Marino Barbero, que ante la imposibilidad de seguir adelante y de actuar con la independencia propia de su cargo, lo más honrado a su juicio había sido dimitir.

Al «bellotari» extremeño ni lo mencionó,… hubiera sido algo similar a si alguien hubiera entrevistado Napoleón después de Waterloo y en lugar de nombrar a Wellington y a Von Blücher, se le hubiera ocurrido mencionar al soldado encargado de impiar los establos del Duque inglés y del Mariscal prusiano,… hubiera sido rebajarse especialomente.

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Así pues, no se sorprendan de la campaña de acoso y derribo, de los escraches, de las difamaciones, de las calumnias que están siendo emprendidos por los socialistas y sus medios afines, generosamente regados con los dineros de nuestros impuestos… Pues, como dice el refranero, «de casta le viene al galgo ser rabilargo».

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