Democracia, partidos y sectas

José Manuel Millán Campos josemanuelmillan@udec.es

¿Qué entendemos nosotros por democracia?

Un sistema democrático es un sistema político concebido para garantizar los derechos y libertades de los individuos y para que, desde el ejercicio de esos derechos y libertades, los individuos, como ciudadanos, sean partícipes activos en los proyectos y decisiones que atañen a la sociedad de la que forman parte.

Por tanto, es necesario el establecimiento de unas condiciones que permitan el diálogo, la discusión, la negociación y el acuerdo entre los individuos que manifiestan diferentes puntos de vista sobre los asuntos que atañen a la sociedad.

La democracia es el resultado final de una sociedad organizada y estructurada formada por individuos que comparten unos principios culturales básicos, plasmados en un universo de valores que se traducen en un marco donde cada individuo entiende el respeto a las libertades y derechos de los demás como un valor incuestionable y legítimo.

Los límites de los individuos.

Por tanto, cada individuo es consciente que ha de limitar sus propias libertades y derechos para garantizar esas mismas libertades y derechos a todos y cada uno de los ciudadanos.

Sólo así una sociedad puede dotarse de unas instituciones y de un marco ético, jurídico y político capaz de garantizar la individualidad, la particularidad, la diferencia de concepciones, de valores y de formas de vida existente entre los individuos y al mismo tiempo hacer posible su convivencia.

Se ha definido la democracia como el sistema político concebido para garantizar los derechos y libertades de los individuos.

Los derechos y las libertades son atributos propios del individuo.

Emanan de su propia condición.

De ahí que no pueda concebirse un sistema político democrático que no parta del individuo como sujeto de derecho.

Como consecuencia lógica, los grupos, las entidades colectivas que puedan resultar de la interacción social de los individuos, no podrán tener jamás capacidad, ni legitimidad para limitar o coartar los derechos y libertades de los individuos.

En democracia, el papel del individuo es esencial.

Ahora bien, los individuos, por su condición social, se agrupan entre sí en función de diversos objetivos, resultando grupos o entidades colectivas de diverso orden que facilitan a los individuos la consecución de sus fines.

En este contexto surgen los partidos políticos, como agrupaciones articuladas por la coincidencia ideológica de los individuos.

Es un intento de aunar esfuerzos entre ciudadanos que tienen una concepción, una cosmovisión política común, es decir, un mismo modo de entender el proyecto colectivo en el que se encauza una sociedad.

Los partidos políticos como organizaciones.

En un sistema democrático las formaciones políticas, como organizaciones en las que se objetivan las distintas cosmovisiones políticas, sólo están legitimadas desde su condición de agrupar voluntades individuales coincidentes.

Es decir, como representaciones de voluntades individuales, libremente asociadas, para la prosecución de un proyecto que les es afín.

Del mismo modo los partidos políticos que surgen con el propósito de llevar a la práctica un proyecto colectivo deberán estructurar ese proyecto desde las garantías del derecho y la libertad de los individuos, de modo que jamás atente contra esos derechos y libertades y observe un exquisito respeto hacia las demás formaciones políticas y corrientes de opinión.

En particular un partido político deberá garantizar a sus afiliados y simpatizantes el respeto a su libertad de voto, de presentación a cargos, de participación, de opinión y de expresión sin que la disciplina del partido los coarte.

El único límite que se impone al individuo libremente afiliado a un partido es el respeto a la cosmovisión compartida, que es la esencia del partido, y el respeto a los restantes afiliados.

En el momento en que un partido político fuerza o ignora los derechos y libertades de sus afiliados ha traspasado los límites que le identificaban como organización legítima y representativa y deja de cumplir los fines para el que fue creado.

Estas consideraciones, fundamentalmente la de que el individuo es el sujeto de cualquier derecho, son las que hemos recogido en nuestros Estatutos.

Límites de los partidos.

Un partido debe realizar la declaración previa de sus fines y definir sus condiciones de funcionamiento.

Debe declarar sus objetivos como partido, en los Estatutos y en su Manifiesto Fundacional

Debe regular la participación de los afiliados para que puedan verificar que esas decisiones coinciden con los Estatutos y el Manifiestos Fundacionales.

Debe definir los procesos electorales y las incompatibilidades.

Debe respetar la libertad de opinión de sus afiliados-

Debe velar por que se respeten sus derechos.

Cualquier alianza o coalición que se haga solo lo podrá ser con los partidos con los que hay una a gran coincidencia en ideología y programas.

Una coalición con un partido de ideología diferente se considera una complicidad para implantar medidas contrarias a los principios aceptados.

Un partido es un acuerdo.

Se establece un acuerdo mutuo entre el partido representado por su cúpula directiva y sus afiliados sobre lo que cada parte puede y no puede hacer.

La cúpula directiva no puede hacer política creativa, debe atenerse a los principios establecidos y los comités locales respetar estos mismos principios.

Estamos en un mundo globalizado donde el individuo exige que sus derechos sean reconocidos.

Es el modelo de la Sociedad Civil en el que nos inspiramos.

Diferencia entre partido y secta

Los partidos y las sectas comparten muchos puntos, son agrupaciones voluntarias de ciudadanos que tienen una cosmovisión común.

En una secta a los afiliados y simpatizantes se les conoce con diversos nombres, devotos, fieles, adoradores …

Pero la diferencia estriba en la cesión de iniciativa por parte de los devotos.

Los devotos mutilan su conciencia crítica.

Lo más significativo de las sectas es la anulación de la voluntad individual.

En una secta la única voluntad imperante es la del grupo que controla la secta.

Desgraciadamente prácticamente casi todos los partidos políticos actuales tienen características típicas de secta.

Cuando nos encontramos con militantes de la izquierda o de la derecha que renuncian a toda crítica de sus partidos ante los beneficios de un hipotético bien común estamos ante actitudes básicamente sectarias.

Los partidos sectarios

En estos partidos cualquier discrepancia significa una sanción, cuando no la explosión.

Son organizaciones no democráticas que no respetan las voluntades de los afiliados.

Se han convertido en sectas bajo el control de líder de turno que puede cambiar sin sonrojarse los dogmas básicos del partido, y de esto ya tenemos varios ejemplos.

¿Cómo podemos extrañarnos de que partidos que han tenido mayorías absolutas hoy languidecen con resultados de menos de 120 escaños?

En un mundo cambiante los partidos clásicos no han cambiado y se han quedado obsoletos porque siguen basados en dogmas.

Lo que ocurre es que ya no son vistos como partidos útiles. La trasformación de la sociedad hacia conceptos de Sociedad Civil hace que los ciudadanos rechacen estas organizaciones.

Los partidos y la Sociedad Civil

La falta de fe en los partidos políticos obliga a los ciudadanos a buscar otras fórmulas de participación, entre las que destacamos la manifestación y las protestas convocadas por colectivos de ciudadanos, no por partidos políticos ni por sindicatos.

Ante este desbarajuste la sociedad ha desarrollado una “conciencia crítica” que es la base del concepto de Sociedad Civil.

Al ser la Sociedad Civil una forma de encauzar aspiraciones y necesidades actúa desincentivando la participación en los partidos políticos.

Estos ya no son el único camino para transformar la sociedad.

Nos encontramos viviendo las consecuencias de un proceso que comenzó a principios del siglo pasado y en el que se ha perdido la fe en las estructuras clásicas.

Desarrollar la Sociedad Civil

Pero esta idea de Sociedad Civil está en sus principios, no está desarrollada, no sabe cómo controlar su poder. Para que se desarrolle plenamente tiene que practicar y ahí es donde fallan los partidos clásicos. Es necesario una nueva generación de partidos que asuman la importancia de la Sociedad Civil para que esta pueda desarrollarse. Un nuevo concepto de partido que asuma que su misión no es la de cambiar la sociedad, sino la de elegir candidatos a cargos públicos para que sean ellos los que cambien la sociedad. La diferencia estriba que en el primer caso se acaba identificando a la cúpula con el partido y por tanto las cúpulas hacen y deshacen sin respeto ni a los afiliados ni a los votantes, se comportan como sectas ignorando la voluntad de los afiliados o los ideales del partido. En el segundo caso las cúpulas se dedican a asegurar que los cargos públicos, que ellos no han elegido ni propuesto, respetan voluntad de los ciudadanos que son los que los han elegido. Por tanto, los nuevos partidos no serán sino instrumentos de la Sociedad Civil.

UDEC, un partido basado en la Sociedad Civil

UDEC se constituye asumiendo la importancia de la Sociedad Civil y como un medio para que los ciudadanos tengan una forma para participar. UDEC es un ejemplo de lo que deberán ser en el futuro los partidos políticos, donde ya no se valoran las ideologías sino la utilidad social un partido. Donde nuestro lema “Donde la gente tiene la palabra” representa nuestro ideal de partido basado en la Sociedad Civil. Descubra esta nueva clase de paridos en www.udec.es

José Manuel Millán Campos

Secretario General de UDEC Unidad de Centro

s.general@udec.e

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