Al final, ganaron las vísceras y seguimos “en moto”… hacia el precipicio.

ANTONIO DE LA TORRE

Todavía a medio digerir la sorpresa electoral del pasado domingo, tengo que reconocer que, pese a mi recomendación en la jornada de reflexión previa, una importante mayoría de la sociedad española antepuso las vísceras a la hora de votar. Con distintos objetivos y motivos, ninguno loable, aunque el trasfondo de unas tuviera mejor causa, volvieron a ser protagonistas esas vísceras multicolor de la izquierda y los nacionalismos y esas otras, verdes, de muchos votantes de VOX que no entendieron bien –o no quisieron entender, que sería peor– cuál era el verdadero problema de España en estas elecciones generales.

Ya sé que estos últimos me dirán que no perdonan el descontento –que comparto– con Mariano Rajoy, que desperdició la mayoría absoluta que le dimos casi once millones de españoles (10.866.566, exactamente) en 2011, menos que la suma este año de los votos del Partido Popular y VOX –11.125.584, a falta de cerrar la cifra definitiva tras el conteo de los votos del Censo Electoral de los Residentes Ausentes (CERA) y los menos conocidos del ERTA (Españoles Residentes Temporalmente Ausentes)–. 

En principio, el voto CERA ha hecho aumentar en dos la diferencia del domingo entre PP y PSOE, al haber dado finalmente un escaño, en Madrid, a los populares, en detrimento de los socialistas, por lo que al final quedan en 137 y 121, respectivamente, si no hay más sorpresas. Una diferencia notable para dejar claro quién debe estar llamado a formar gobierno, si tenemos en cuenta que con uno menos, 15 diputados frente a los 16 de ahora, su antecesor, Felipe González, no se planteó disputarlo a José Mª Aznar en 1996, con una diferencia de votos parecida. Aunque mantengo que no ha habido un PSOE bueno en sus 144 años de antigüedad, el de González parece modélico frente a estos dos últimos, de los sátrapas Zapatero y Sánchez.

https://lapaseata.net/2023/07/30/al-final-ganaron-las-visceras/

Y otra cosa ha quedado clara en estas últimas elecciones generales, 7.760.970 votantes del PSOE han refrendado que su líder pacte con ERC y BILDU, indulte a golpistas, perdone a corruptos eliminando el delito de malversación, decrete estados de alarma inconstitucionales, etc., etc. Ya no pueden decir que les engañó en la campaña, al hacer lo contrario de lo que le quitaba el sueño o dejaba la gobernabilidad del Estado en manos de los que querían romperlo. Tampoco en que no gobernaría con aquellos a los que negó “…cinco veces, o veinte”, después de haber aprobado, con ellos de portavoz, su infame ley de vivienda o la de desmemoria democrática, todavía peor que aquella de desmemoria histérica de su antecesor, el asesor del bolivariano Maduro. Esos mismos que han votado en contra en el parlamento vasco de hacer un homenaje a Miguel Ángel Blanco y que hacen aquelarres propagandísticos para ensalzar a asesinos. Esa cantidad de españoles, casi un tercio de los votantes, han refrendado con su voto, no sé si consciente, pero sí sectario, que su adorado líder Pedro Antonio Narciso PinócHEZ –invito a consultar en el DRAE el significado de HEZ, para que comprueben que las dos acepciones se ajustan al mentiroso personaje y a su grupo de apoyo–. Y lo que es más triste, que por esa ley electoral que ninguno de los dos grandes partidos se atrevieron a cambiar, cuando podían hacer un pacto de Estado desde sus respectivas mayorías absolutas, una penosa minoría de votos decide por una mayoría de españoles. En esta ocasión, un 1’91% de ERC, un 1’62% de Junt’s por Cataluña, un 1’14% del PNV y un 1’375% de BILDU, que todos juntos representan el 6’03% de los votantes, deciden por el 93’97% restante, gracias a un personaje que sólo tiene un objetivo, seguir en el poder como sea, a costa de lo que sea y regalando a los que lo apoyan lo que haga falta. Una situación que se hubiera podido evitar con algo tan sencillo, y tan lógico, como una modificación de la LOREG para que ningún partido, con una representación inferior al 3% –yo preferiría el 5%– en cómputo nacional, pueda tener presencia en el Congreso de los Diputados. Pero los dos grandes partidos no se atrevieron a hacerlo y, ambos, se apoyaron, casi siempre, en los partidos nacionalistas para completar sus mayorías gubernativas. Así, les concedió unas transferencias perniciosas, sin límite, que iban en contra de la soberanía del Estado y de los intereses de los españoles en general. Por ejemplo, la que más rendimiento les ha dado para sus fines separatistas, la Educación, que les ha permitido preparar a las nuevas generaciones –tres ya, si las estimamos en 15 años de duración– en sus ideologías sectarias y contra España.

Y mucho ojo con el “desliz” del líder socialista vasco, un tal Eneko Andueza que, “sin querer, queriendo” ha dejado claro cuál es el objetivo de su partido: “Evidentemente hay que reformar la Constitución y hay que ir hacia un modelo federal que se ajusta mucho más a la situación territorial que estamos viviendo, porque tiene más de 45 años y creemos que es un buen momento de abordar estas cuestiones”. Sólo le faltó decir “porque es lo que piden los socios separatistas y si no, mi señorito no puede seguir gobernando, que es lo que queremos, sobre todo, él”.

Dicho lo anterior, que daría para un libro a poco que nos quisiéramos extender, el resultado de las urnas y la más que evidente división en las dos Españas de Antonio Machado, que inició el chavista Zapatero y ha completado su clon aventajado Falconeti, abre la puerta a otro problema. El próximo 17 de agosto, se compone la nueva asamblea legislativa –el Congreso de los “disputados”, para entendernos– y a ver quién ocupa –ardua negociación se me antoja– la presidencia de la, cada día más, “cámara baja”, que solicite al Rey el inicio de la ronda de conversaciones con los representantes de los partidos que obtuvieron escaños, para proponer un candidato a la presidencia del gobierno. Y toman especial protagonismo dos artículos de la Constitución Española que algunos de los socios de Pedro I el “vacacionante” quieren romper. Dos artículos que, precisamente, tienen como principal protagonista a nuestro Monarca, Felipe VI, todavía garantía de la Unidad española que esos mismos socios cuestionan y ponen en peligro con sus planteamientos de referéndum de autodeterminación. Me refiero en primer lugar al Artículo 99.1, que dice textualmente que “Después de cada renovación del Congreso de los Diputados, y en los demás supuestos constitucionales en que así proceda, el Rey, previa consulta con los representantes designados por los Grupos políticos con representación parlamentaria, y a través del Presidente del Congreso, propondrá un candidato a la Presidencia del Gobierno. Insisto en lo subrayado, propondrá un candidato, no dice ni da a entender, por más que haya sido la práctica habitual desde que se volvió al sistema democrático, que el candidato que proponga tenga que ser el del partido más votado ni siquiera uno de los representantes de los grupos parlamentarios. Y entra aquí el segundo artículo de la C. E. al que aludía antes, en concreto el Artículo 61.1, que dice así: El Rey, al ser proclamado ante las Cortes Generales, prestará juramento de desempeñar fielmente sus funcionesguardar y hacer guardar la Constitución y las leyes y respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas. Me pregunto si desempeña fielmente sus funciones, guarda y, sobre todo, hace guardar la Constitución, un Monarca que encomienda, en su caso, formar gobierno al que ha demostrado que ha ejercido el cargo para el que lo propone, durante los últimos casi cuatro años, pactando con golpistas y representantes de terroristas, declarados una y otra vez anticonstitucionalistas. Con los que no condenan los cuatrocientos atentados pendientes de juicio, sino que homenajean a sus presos y excarcelados y votan en contra, en Navarra, de un homenaje a Miguel Ángel Blanco, víctima del tan nombrado estos días, Txapote. Un Monarca que propone al que ha aproximado a muchos condenados por asesinatos terroristas a las cárceles vascas y da las competencias de prisiones a uno de sus socios, que va estableciendo las condiciones necesarias para su liberación, y elimina del Código Penal el delito de malversación para exonerar a los autores del mayor caso de corrupción de la democracia española, el de los ERE, perpetrado por miembros destacados de su partido, entre ellos dos presidentes de Andalucía y del PSOE. Por último, sería “respetar los derechos de los ciudadanos y de las Comunidades Autónomas” que ese reducido 6’03% de votos o lo que es aún peor, que el exiguo 1’62% DE JxC, tenga la llave de la gobernabilidad de España, sólo para que el autócrata de la Triada Oscura de la personalidad, satisfaga su psicópata narcisismo maquiavélico”.

Le pido una profunda reflexión al respecto a nuestro Rey, en algunos momentos de su merecido solaz y en la soledad del Palacio de Marivent, donde este año parece que no tendrá la desgracia de recibir al showman de la Moncloa, que aspira a ocupar también ese recinto vacacional del Jefe del Estado. Y le brindo a Su Majestad otra alternativa que él sabe que tiene, la de, en caso de no considerar idóneo a ningún candidato entre los representantes de los grupos políticos –creo que Alberto Núñez Feijóo ha demostrado serlo sobradamente, además de ser el ganador de las pasadas elecciones–, proponer a alguien de reconocido prestigio que ponga orden en el concierto político nacional, formando un gobierno de emergencia que haga los cambios que España necesite. Esta propuesta se la hacía también en enero de 2016, tras el batacazo electoral de Rajoy en diciembre de 2015, cuando perdió 3’5 millones de votos, de los que, por cierto, VOX sólo rescato entonces unos 50.000 en toda España, insisto para desmemoriados.  

Termino con dos datos que reflejan la responsabilidad de nuestro desgobierno en funciones. Por un lado el resiliente, de momento, no saliente, se fue a la residencia real de La Mareta en Lanzarote, donde se dice que pasará quince días, de donde probablemente regresará para la constitución de las Cortes. Ya nos enteraremos de cuál fue esta vez la caravana presidencial y si se reúne allí con su antecesor chavista, que se hizo una buena mansión en la isla canaria. Por otro, la portavoz del partido, la ministra de Educación en funciones –otra prueba del nivel al que su cometido ha llegado en España– y portavoz del hoy partido Sanchista, Pilar Alegría “de la huerta”, tras conocerse los datos de la última Encuesta de Población Activa, la conocida EPA.  No ha tardado ni un minuto en comparecer para decir que, “Como le gusta decir a nuestro presidente, España va como una moto”. Pero recojo algunas declaraciones del economista Marc Vidal que desmontan de nuevo al “motorista”. Cierto que “21 MM de afiliados a la Seguridad Social y un paro del 11’6% son dos datos formidables. Pero se parte de una distorsión de base. Para empezar, la EPA no es un registro al detalle, es una encuesta y por eso no coincide con el dato de paro o empleo que emite el Ministerio de Seguridad Social. Para la EPA, un parado es una persona que durante la semana en la que se hace la encuesta ha estado sin trabajo, pero buscando activamente empleo. El que no busque, no cuenta como parado. Además, sólo cuenta como en búsqueda activa de empleo aquel que ha estado en contacto con una oficina pública de empleo durante la semana de la encuesta. Lo más surrealista es que para la EPA, un ocupado es aquel que durante la semana de la encuesta ha estado trabajando durante al menos una hora, a cambio de una retribución. En España hay así 1.675.000 personas. Tenemos mucho más del 11,6% de desempleo y ellos lo saben. Mientras, la industria pierde más de 60.000 trabajadores. Además, el nuevo empleo se estimula desde la Cosa Pública y, según la Encuesta de Fuerza Laboral Europea, creció un 7’12% en 2022, el mayor de Europa, pese a ser el país con la mayor deuda pública. Saben que la renta disponible ha caído y que la exclusión social y el riesgo de pobreza crecen más que en ningún país de la UE”. Y añado también, en ese desmontaje de la moto, que la inflación subió un poco en julio, hasta el 2’3% (acumulativo, porque la del periodo desde 20121 supera el 16%) mientras la subyacente, la del bolsillo de la compra, no baja del 6’2%. Y se oyen ecos del Banco Central Europeo de que los tipos de interés pueden llegar al 7%. ¡Ojo al dato!, que diría un conocido comunicador deportivo, para los que puedan necesitar una hipoteca.

Me atrevo a decir que, si Alberto Núñez Feijóo no consigue doblegar la “siempre firme” voluntad del PNV, estamos más cerca de una nueva convocatoria de elecciones en las que el traidor presimiente utilizará como argumento que las convoca para demostrar su cumplimiento de la Constitución, que no permite aceptar las condiciones de Carlos Puigdemont para su apoyo: “Amnistía y referéndum”.

Antonio de la Torre

Aficionado a la política, decepcionado con mi corta experiencia en ese mundo, y preocupado con la situación de «España, S. A.». Modesto tertuliano y articulista de opinión. Comparto inquietudes y propuestas, tratando de ayudar a crear opinión para mejorar el pervertido sistema político que nos ningunea.

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