A los vividores del «procés» -o sea, a los separatistas catalanes- les ha tocado la lotería

César Alcalá

Los políticos que forman parte del Govern de la Generalitat lo que se dice gobernar, lo hacen poco. Ya no solo por las rencillas entre ellos, sino por incompetencia. Están centrados en temas baladíes. En concreto en uno: la independencia. Aunque saben que nunca ocurrirá, el chiringuito que han montado tiene unas dimensiones tan grandes que necesitan inyectar mucho dinero. Y es que hay más que trabajan por esta quimera que fuera de ella.

A Pere Aragonés le tocó la lotería cuando fue elegido presidente de la Generalitat de Catalunya. También le tocó la lotería a Quim Torra. La ley    que regula el estatuto de los expresidentes de la Generalitat establece que tendrán derecho a percibir un sueldo del 80% de lo que cobraban cuando estaban al frente del Govern durante un periodo equivalente a la mitad del tiempo que desempeñó el cargo. La misma norma dota de una pensión vitalicia equivalente al 60% del salario.

Pere Aragonés se acaba de subir el sueldo a 132.856 euros de sueldo bruto anual. Esto significa que, cuando deje de ser presidente de la Generalitat cobrará 106.285 euros mensuales brutos, que equivale a 7.591 euros por 14 pagas. Cuando se jubile recibirá un sueldo bruto anual de 79.714€, que equivale a 3.796€ mensuales. No es un sueldo despreciable. Ahora bien, de momento sigue siendo presidente de la Generalitat y, con el aumento de sueldo, esto supone que cobrará mensualmente 9.490€ por 14 pagas. Así se vive muy bien de la independencia y, más, teniendo en cuenta que muchos de sus gastos corren a cuenta del presupuesto destinado a Presidencia. Con lo cual, la mayor parte de ese sueldo es limpio. Evidentemente una parte lo debe ceder al partido. Suponiendo que entregue el 30%, aún le quedan 6.643€ mensuales.

Este no es el único personaje que vive muy bien de la independencia. Hay un chiringuito llamado Acción Exterior, dirigido por Victòria Alsina. En los presupuestos que quiere aprobar el Govern de la Generalitat para el 2022, aumenta el dinero que le destinan de 73,7 a 94 millones de euros. De estos 65 millones de euros se destinarán específicamente a la acción en el plano internacional. ¿Qué significa esto? Sencillamente regar con euros el Diplocat y “consolidar la red de embajadas”. Como dijo Alsina: “Hoy queremos reivindicar la absoluta normalidad democrática y la competencia de la Generalitat en materia de Acción Exterior. Este departamento sufrió un 155 salvaje y también la obstinación de tribunales politizados, del Tribunal de Cuentas”.

Todo esto es un discurso de cara a la galería. Forma parte del lloriqueo que tanto les gusta a los independentistas. Han hecho esto y tienen que incrementar el presupuesto de esta área porque España, en su momento, los atacó y amordazó con un 155. También el Tribunal de Cuentas es muy malo porque no quiso que la Generalitat pagara la multa de los encausados por los referéndums que nos costó a todos una fortuna. Y, como que España es tan mala, ellos deben luchar a nivel internacional para que se sepa y decir al mundo que Cataluña es un país democrático.

Si nos damos cuenta de la tontería automáticamente tenemos el chiringuito montado. Cataluña es una Comunidad Autónoma, mal que les pese, que forma parte de un país democrático -aunque ellos nieguen la mayor- llamado España. Eso Europa y el mundo ya lo sabe. ¿Es necesario gastar dinero para explicar una obviedad? ¿Desconoce el mundo que Cataluña vive en una normalidad democrática dentro del una país que lo es como España? ¿Es necesario? La respuesta a las tres preguntas es no.

La realidad no es esta. Acción Exterior, con este dinero, prevé abrir nuevas delegaciones, reforzar las existentes con más personal y ampliar el área geográfica de alguna de las actuales. En resumen, ampliar el chiringuito porque necesitan colocar a más amiguitos que vivan del cuento o de la independencia. No hay más y, lo peor, es que se lo permitirán porque con las CUP tienen mayoría. Este chiringuito es tan positivo para los vividores que incluyo, Francina Armengol, en Baleares, se está planteando montarlo. Porque se vive muy bien de la independencia y lo saben.

CÉSAR ALCALÁ
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