Una estadista llamada Isabel Díaz Ayuso

CÉSAR ALCALÁ

Como escribió hace años José María de Gironella: ¡Ha estallado la paz!.

Y es que, lo que ha acabado ocurriendo dentro del Partido Popular era una guerra tapada bajo una cortina opaca que, la podemos denominar paz. Dejando aparte que pueda ser o no, bochornoso que la gente tienda la ropa fuera de casa, la realidad es tozuda.

A parte del tema del contrato, que según los expertos no fue ilegal. Es más, fue fiscalizado por la Intervención General y presentado en dación de cuentas al consejo de Gobierno, el cobro o no de una comisión forma parte de una manera de trabajar. Todos los negociadores en mayor o menor parte se llevan una comisión. Es legal y conocido.

Otra cuestión, muy diferente, es que se quiera enviar a los infiernos a una persona por ganarse la vida y conseguir unos beneficios no sólo con este contrato, sino con todos los que realiza a lo largo del año.

El motivo intrínseco de todo esto es que Casado le tiene miedo a Ayuso. Un dirigente político ha de saber llevar el timón. Rodearse de personas que ejerzan sus responsabilidades y que no formen capillitas impenetrables para permanecer inamovibles en sus sillas. Uno no puede mostrarse ruin y mezquino. Tampoco envidioso. El gran error de Ayuso es ser querida por los ciudadanos de Madrid y haber sacado una mayoría absoluta. La condenan por esto.

El gran problema de Casado es que quiere ser presidente del gobierno de España y está viendo como esta opción se le escapa de las manos. Y la culpa no es solo de VOX, que también. A Casado le gustaría tener una mayoría absoluta como, en su momento Aznar. Y no se da cuenta que en la actual España esto es imposible. También Casado tiene el problema del miedo al PSOE. Lo quiere tener contento y que no lo ataque abiertamente. No quiere que lo comparen con VOX , por eso titubea en sus actuaciones.

Casado está lleno de complejos y, encima, tiene una serie de personajes a su alrededor que no lo ayudan a superar ciertos pensamientos -e incluso habría que hablar de complejo- de inferioridad que tiene. En un momento determinado vio muy cerca que sería presidente del gobierno. Ahora el barco se está alejando y eso pone nervioso a los oligarcas y caciques de la calle Génova. Le preocupa todo. Ahora, en Cataluña, están preocupados por el partido de Eva Parera llamado Valents. Y cuando no sea este partido será otra cosa. El único interés de la camarilla de Génova es seguir en sus cargos y trasladarlos en el tiempo e, incluso, conseguir un ministerio o una vicepresidencia. Se mueven por el interés propio y no por el de los españoles.

Y les ha salido un grano, en el trasero, llamado Isabel Díaz Ayuso. Y esto no lo pueden aceptar. Saben que ella puede acabar sustituyendo a Casado más pronto que tarde. Saben que la gente la quiere más que al actual presidente del PP. Saben que si se realizara una votación, ella ganaría. Todo esto lo saben y, un día indeterminado, decidieron cargársela de la forma más zafia, ruin y mezquina.

Ayuso tiene gente con valía a su alrededor, no como Casado. Ayuso tiene junto a ella a Miguel Ángel Rodríguez, que no es poco. Casado a Egea. Ni punto de comparación el uno con el otro. Por eso las espadas están en lo alto. Es una pena en general todo lo que está pasando.

Veremos como evolucionan las cosas en los próximos días. Ahora bien, si todo sigue igual y el PP decide expulsar o sancionar a Isabel Díaz Ayuso, Pablo Casado se hundirá con los suyos. Madrid y muchos votantes no se lo perdonarán nunca. A estas alturas de la partida es muy difícil, ni remotamente, imaginar al PP y a Casado al frente del gobierno de España. Ahora bien, una de las realidades es que Ayuso, en el PP o en otro partido, forma parte de la nueva política y acabará siendo una líder indiscutible de la derecha española. Tiene una ventaja sobre otros políticos que soportamos diariamente. Si Churchill viviera la definiría como estadista. Casado no lo es y menos sus acólitos palmeros.

César Alcalá: "Los miembros de ERC saben perfectamente que tuvieron una  cheka" - Barcelona - COPE
CÉSAR ALCALÁ.
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