Líderes religiosos de todo el mundo denuncian que China está provocando un genocidio entre los uigures

Dos cardenales asiáticos junto con otros 74 líderes religiosos han hecho pública una declaración por la que aseguran que el tratamiento que el gobierno chino da a los uigures es «una de las tragedias humanas más atroces desde el Holocausto»

(CNA/InfoCatólica) El cardenal Charles Maung Bo, arzobispo de Yangon y presidente de la Federación de Conferencias Episcopales Asiáticas, y el cardenal Ignatius Suharyo, arzobispo de Yakarta (Indonesia), se encuentran entre los 76 firmantes que pidieron «oración, solidaridad y acción para poner fin a estas atrocidades masivas» contra la minoría musulmana en China.

«Después del Holocausto, el mundo dijo ‘Nunca más’. Hoy, repetimos esas palabras Nunca más, una y otra vez. Estamos con los uigures. También estamos con los budistas tibetanos, los practicantes de Falun Gong y los cristianos de toda China que se enfrentan a la peor represión de la libertad de religión o creencia desde la Revolución Cultural», dice la declaración.

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«Hacemos un simple llamamiento a la justicia, para investigar estos crímenes, conseguir que los responsables rindan cuentas y establecer un camino hacia la restauración de la dignidad humana», afirma.

Los firmantes de la carta – que incluyen al ex arzobispo de Canterbury Rowan Williams y otros líderes musulmanes, judíos, budistas y cristianos – denuncian el encarcelamiento de un millón de musulmanes en China y la campaña de esterilización forzosa entre otras «muchas persecuciones y atrocidades masivas».

Según múltiples informes, entre 900.000 y 1,8 millones de uigures y otras minorías étnicas han sido encarcelados en Xinjiang, la provincia del extremo noroeste de China. El gobierno ha establecido más de 1.300 campos de detención en los que los supervivientes han informado de que han sido sometidos a adoctrinamiento político y antirreligioso, torturas, palizas y trabajos forzados.

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Associated Press (AP) informó el 29 de junio que muchos uigures también habían informado que las autoridades los habían obligado a implantarse dispositivos intrauterinos y a tomar otras formas de control de la natalidad, así como a someterse a abortos y esterilizaciones para hacer cumplir las políticas de planificación familiar de China. Un experto dijo a AP que la campaña es «genocidio, de punto final».

Además, las autoridades han establecido un sistema de vigilancia masiva en la región para seguir los movimientos de las personas, que incluye la toma de muestras de ADN y la tecnología de reconocimiento facial, así como plataformas policiales de predicción.

En la declaración de los dirigentes religiosos se afirmaba que la campaña de esterilización forzosa de las mujeres uigures en edad de procrear en cuatro prefecturas pobladas por uigures podría elevar esta acción al nivel de genocidio según la Convención sobre el Genocidio de 1948.

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«El objetivo claro de las autoridades chinas es erradicar la identidad uigur. Los medios de comunicación estatales de China han declarado que el objetivo es ‘romper su linaje, romper sus raíces, romper sus conexiones y romper sus orígenes’», dice la declaración.

«Los parlamentarios, los gobiernos y los juristas tienen la responsabilidad de investigar», afirma. «Como líderes religiosos no somos ni activistas ni políticos. Pero tenemos el deber de llamar a nuestras comunidades a sus responsabilidades de cuidar de sus semejantes y actuar cuando están en peligro».

El defensor de los derechos humanos Benedicto Rogers comentó la declaración preguntando cuándo piensan hablar y denunciar la situacion el Papa Francisco y el arzobispo de Canterbury Justin Welby.

«Tal vez han tenido sus razones para esperar hasta ahora. Sin embargo, ahora que tantos de sus propios clérigos están hablando, el mundo estará esperando una respuesta de estos dos líderes espirituales», escribió Rogers el 10 de agosto. «Cuando se trata de genocidio, crímenes contra la humanidad y atrocidades masivas, el mundo espera que los líderes religiosos tomen una posición».

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