La verdadera función social de la propiedad

Gustavo Irrazábal

FUENTE: https://www.lanacion.com.ar/opinion/la-verdadera-funcion-social-de-la-propiedad-nid03082022/

Recientemente un conocido «dirigente social» argentino sugirió la confiscación de silobolsas (más abajo se explica qué es una «silobolsa») de soja para responder a la presente emergencia social. En su opinión, solo medidas de este tipo conjurarían el peligro del “estallido social” y el derramamiento de sangre. Sin embargo, sus hipotéticos beneficiarios, inconformes con las migajas de esa redistribución compulsiva, lejos de apaciguarse, podrían también pensar: ¿para qué esperar que lo haga el Estado? En rigor, nada parece más apto para propiciar los saqueos que, la sensación de que las leyes que protegen la propiedad ya no están vigentes, de modo que cualquiera puede tomar de los demás lo que crea que necesita. De hecho, históricamente, los episodios de saqueos masivos en la Argentina, no han tenido relación directa con la necesidad extrema, sino más bien con el desorden generalizado y el vacío de autoridad -además de un grado no despreciable de organización, a juzgar por el sugestivo momento político de estos fenómenos supuestamente espontáneos-.

Pero la propuesta mencionada ¿no sería una manera concreta de aplicar la doctrina de la “función social” de la propiedad enseñada por la Iglesia Católica?

La respuesta es claramente negativa, porque si toda “necesidad social” tuviera prioridad automática sobre la propiedad privada, ello equivaldría a la eliminación lisa y llana de esta última. Primero, por ejemplo, los silobolsas ¿y después qué? ¿Por qué detenerse ahí y no seguir adelante? Por lo demás, es evidente que ese tipo de confiscaciones podrían perpetrarse una sola vez, ya que a continuación los productores abandonarían su actividad por temor a verse despojados nuevamente del fruto de su esfuerzo. ¿No se seguirían de allí consecuencias mucho peores para los más necesitados que las que en teoría se busca evitar?

Santo Tomás de Aquino justifica la propiedad privada con argumentos prácticos: esta institución permite 

  • un mejor cuidado de los bienes (siempre cuidamos mejor de lo propio),
  • una administración más ordenada de estos (cada cual se dedica a los suyos) y
  • un ambiente de paz social porque cada uno sabe claramente qué es lo propio y qué no lo es. ¿No es esta la principal “función social” de la propiedad? Podemos agregar que aquí encontramos el verdadero motor del desarrollo económico: la autonomía frente al Estado, el estímulo para la iniciativa privada, la creatividad, la inversión, la producción, el intercambio. Hacer circular la riqueza a través de transacciones voluntarias es la mejor manera de beneficiar a la sociedad. No hay otro camino real para superar la pobreza.

Es cierto que esta “función social” de la propiedad tiene expresiones más directas. Para Santo Tomás de Aquino en el “uso” de los bienes propios deberíamos tener en cuenta las necesidades de los demás. Pero aclara que cada uno es dueño de decidir libremente el alcance y las modalidades de ese uso, según criterios prudenciales y conforme a las exigencias de la caridad. Solo en situaciones extremas la propiedad privada de un bien particular podría ceder ante la necesidad de subsistencia del prójimo, por razones de justicia. Pero se trata de casos particulares, y no de políticas generales impuestas desde el Estado. Estas últimas en todo caso deberían desempeñar conforme al pensamiento social católico una función subsidiaria, a través de ayudas focalizadas y transitorias, para evitar la dependencia y el clientelismo, siendo la sociedad civil a través de sus organizaciones la primera responsable de ejercitar la solidaridad.

Lamentablemente, lo que hoy solemos llamar “función social” de la propiedad se ha reducido indebidamente a uno solo de los aspectos que hemos señalado: al rol del Estado −convertido además en protagonista excluyente− sin suficiente preocupación por determinar con claridad los límites de sus atribuciones. Esto significa poner en manos de los gobiernos de turno un poder altamente discrecional, que siempre encontrará la manera de sortear las leyes o moldearlas según la propia conveniencia. Los católicos hemos sido históricamente propensos a presumir que los gobiernos, sus funcionarios, y hoy también los dirigentes sociales, actúan, generalmente, buscando el bien común y no sus intereses particulares y los de los grupos que favorecen. Es hora de invertir esta ingenua presunción y no tentar al Estado agitando imprudentemente la bandera de la “función social” de la propiedad, lo que equivale a postular al lobo como guardián de las ovejas.

¿Qué es una silobolsa?

Algunos dicen que es un invento argentino, pero no es tan así. La técnica de cubrir los granos o el heno con capas de polietileno, para poder así mantenerlos en el campo a salvo sobre todo de la lluvia o el viento, ya se aplicaba en los establecimientos ganaderos de Europa desde hace bastante tiempo.

Lo que se hizo en la Argentina fue convertir esa cobertura plástica en un bolsón cerrado con forma de chorizo, para poder así aislar por completo los granos y extender los tiempos máximos de almacenamiento.

El origen de esta innovación tuvo mucho que ver con la crisis económica y social de 2001, tras la cual el sistema financiero cayó en un profundo descrédito, y también entre los productores agropecuarios, que empezaron a buscar formas alternativas de financiamiento por fuera de los bancos.

En esa época, a la par, la Argentina ingresaba en un proceso de intensificación agrícola muy acelerado, originado especialmente en la aprobación unos pocos años antes, en 1996, de la soja transgénica resistente al glifosato.

A partir de esta tecnología, este cultivo abarató bastante sus costos de implantación y la producción se multiplicó. Si en la campaña agrícola 2001/02 se sembraban solo 11 millones de hectáreas de la oleaginosa y se producían 29 millones de toneladas, 15 años después se llegaba a una siembra de 19,8 millones de hectáreas y una cosecha récord de 61 millones de toneladas en el ciclo agrícola 2014/15, según datos del Ministerio de Agricultura.

Curiosidad y casualidad

La posibilidad de utilizar coberturas plásticas para la guarda de esas mayores cosechas fue un desarrollo entre público y privado. Cristiano Casini, un ingeniero agrónomo que trabajaba en el INTA Manfredi, en Córdoba, fue uno de los pioneros.

En esta entrevista de la revista El Federal contó que el desarrollo “en realidad fue producto de la curiosidad por la innovación y también de la casualidad”. “En aquel entonces estábamos estudiando una tesis de la Maestría de Semillas relacionada a los sistemas de almacenamiento herméticos y que expulsaran al oxígeno del ambiente del silo, como una forma de disminuir el deterioro de los granos. Es así que en una revisión de bibliografía encontré una revista de agronómica de los Estados Unidos donde se contaba la experiencia de unos agricultores que habían almacenado granos de sorgo en una bolsa plástica. Era 1994 o 1995”, contó.

También fue clave la decisión de una empresa llamada IPESA, de incursionar en esa posibilidad. “Mi padre trabajaba en Buenos Aires con la industria del plástico pero siempre estuvo muy vinculado con el campo, y pensaba en cómo hacer para que el campo y el plástico se unieran -contó Mariano Klas, gerente de esa firma, en una nota de Bichos de Campo-. Entonces empezó a colocar el pasto cortado adentro de las bolsas y, como se mantenía, las vacas podían comerlo fuera de término”.

Luego, en 2001, lanzaron la silobolsa. “La gente guardaba el cereal para esperar y sacar mejor resultado. Los vecinos empezaron a verlo y el boca a boca hizo que se expandiera. Desde entonces no paró de crecer”, añadió.

Cuántas toneladas de granos pueden guardarse en la Argentina

No existe una estadística permanente sobre la capacidad de almacenaje de granos en la Argentina, pero Mario Camarero, técnico del Ministerio de Agricultura, calculó que en 2001 los silos disponibles alcanzaban para guardar 57 millones de toneladas de granos, el 89% de una cosecha que entonces era de 63 millones.

En ese momento la participación de las silobolsa era minúscula, de solo 4%. En la campaña 2015/16, Camarero repitió el cálculo y la situación había empeorado mucho. Las posibilidades de almacenar la cosecha habían crecido poco, a 74 millones de toneladas, frente a una cosecha que prácticamente se había duplicado y llegaba a 116 millones. Pero los productores se las habían ingeniado bien. Y ya el 35% de la capacidad de almacenaje eran estos bolsones plásticos de gran tamaño.

Los granos se pueden almacenar hasta 2 años

En una nota del INTA sobre esta innovación, el técnico Ricardo Bartosik, de la Estación Experimental de Balcarce, comentó que lo más usual es que esas enormes bolsas plásticas, de 3 capas de polietileno expandido más un filtro contra rayos ultravioetas, “tengan unos 60 metros de largo y puedan guardar aproximadamente 200 toneladas de trigo, maíz o soja”.

Si la confección del silo ha sido bien realizada, los granos pueden llegar a mantenerse allí hasta 2 años sin perder calidad comercial.

El uso de silobolsa también se ha ido imponiendo en los establecimientos “mixtos” que hacen ganadería o tienen tambo, pues también permiten guardar el maíz picado (toda la planta, no solo el grano) que se utiliza como reserva forrajera para alimentar a los animales en el invierno, cuando faltan pasturas naturales.

Esta técnica de guardado tiene numerosas ventajas para el productor, entre las que se destacan su bajo costo y sencilla confección, que se ha facilitado mucho con la aparición de maquinaria específica (las embutidoras) y de equipos de contratistas que se dedican especialmente a esa tarea…

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