EL TRAVESTISMO A TRAVÉS DE LA HISTORIA

 Jose María Gil Román

«Travestismo” es un término que aparece en la obra de Magnus Hirschefel “Conductas sexuales humanas”, a comienzos del siglo XX en Alemania. El mero hecho de que aparezca el travestismo como una conducta sexual rara, no es de extrañar. Recordemos que en pleno siglo XX aún se creía que la homosexualidad era una enfermedad, por lo que usar ropas del sexo contrario era aún peor que eso.

Cambiar de apariencia era algo natural en las deidades antiguas. Un ejemplo lo encontramos en la mitología griega, donde dioses y héroes se travestían sin ningún miedo a que su masculinidad se viera perjudicada. Un ejemplo de ello lo encontramos en la leyenda del dios Heracles, el cual para conquistar a la reina Onfalia dejó que ésta lo vistiera de mujer. Incluso hiló a sus pies como una doncella más. Según narran, durante mucho tiempo vivió como una mujer para complacer a la reina.

Algo parecido le sucedió a Aquiles. Tuvo que vestirse de mujer para que Ulises no pudiera encontrarlo. Su madre decidió ocultarlo en la corte del rey Licómedes vestido como una niña. Allí el joven Aquiles crece y se educa como una hija más del monarca. Pero justo antes de dar inicio la famosa Guerra de Troya, Ulises es enviado a buscar al gran guerrero profetizado. El estratega versado en las mentiras ideó un plan para sacar a la luz a Aquiles. Se presentó en la corte del rey con un obsequio: un gran cofre lleno de joyas. El cofre estaba destinado a la princesa. El interior estaba repleto de joyas y piedras preciosas pero también había una espada y un escudo. Algo de lo que solo Aquiles se percató, siendo de esta forma descubierto.

Otro mito griego de índole parecida es el de Zeus cambiando de forma para conquistar a Calisto. Calisto era una amazona aguerrida de la diosa Artemisa. Según el mito, Zeus quedó prendado de la guerrera y como ésta solo tenía ojos para la diosa, decidió transformarse en Artemisa. De esta forma sedujo y consumó el acto con Calisto que quedó embarazada del dios supremo. Para evitar posibles represalias de Hera, Zeus convirtió a Calisto en osa. La diosa desconfiada mandó a Artemisa a cazar a la osa, muriendo ésta en manos de su amada deidad.


Mitología y travestismo

Pero dejemos los mitos a un lado. En los anales de la historia existen muchísimas historias interesantes sobre personas que se travistieron o cambiaron su apariencia por diversas causas. Esto es lo que le ocurrió a Hagnódica (S.IV a.C). Su historia se sitúa entre el mito y la realidad. Para muchos autores es una figura mítica del folklore griego, mientras que para otros fue real. Lo que si es cierto es que fue la primera mujer ginecóloga del mundo. Los relatos narran como Hagnódica viendo como las mujeres sufrían en el parto, decidió estudiar y ejercer la medicina.

Dichas prácticas estaban destinadas a los hombres en tiempos antiguos, por lo que nuestra heroína decidido travestirse de hombre para ejercer la profesión. Su historia acaba cuando nuestra protagonista acaba en el banquillo, acusada de seducir y violar a sus propias pacientes. Al ser juzgada como culpable, ésta decidió levantarse la túnica y mostrar su verdadero sexo. Esto fue su condenada definitiva ya que los allí presentes al grito de “¡una mujer, practicando la medicina!” decidieron ejecutarla.

La cultura nórdica tampoco se escapa. Según sus mitos el dios Loki podía ser representado tanto de hombre como de mujer. Para los nórdicos Loki era el dios de las bromas, las transformaciones y la astucia. Las leyendas narran cómo se transformaba en cualquier cosa: halcón, salmón, anciana, doncella o yegua. De ésta última forma fue como engendró y parió al mítico caballo de Odín, Sleipnir. Además existen relatos de cómo Loki usaba sus encantos cuando se transformaba en mujer para conseguir lo que quería de los hombres. Una vez pasó ocho años convertido en una ordeñadora de leche manteniendo relaciones con diversos hombres. El mítico Thor también ejerció el transformismo ya que existe un mito que narra cómo el dios del trueno se vistió de mujer para recuperar su famoso martillo. Para ello tuvo que usar un traje de novia y simular una boda con un gigante.

En el mayor imperio conocido también encontramos historias sobre personajes que ejercieron el transformismo. A pesar de esto encontramos la historia de diversos emperadores que se llegaron a travestir. Nerón por ejemplo, se vistió de mujer para poder consumar el matrimonio con su músico preferido Diodoro. Aunque más lejos llegaría otro emperador, Heliogábalo. Según los relatos Heliogábalo tendía a vestirse de mujer y actuar delante de su corte, siendo posiblemente la primera drag queen de la historia antigua. Para los romanos no era desconocido la práctica del transformismo, puesto que incluso reportes de exploradores romanos advertían la existencia de indígenas que vestían como mujer.

Esto también lo vemos en los textos que narran los encuentros entre los primeros colonizadores españoles con las culturas precolombinas. Allí no era tan raro ver a hombres vestidos de mujer o mujeres vestidas como hombres, puesto que sus creencias eran de que las deidades eran de ambos sexos, por lo que tener ambas naturas era sinónimo de divinidad. Los que ejercían esta práctica eran considerados casi dioses y venerados en templo como tales.

Las culturas precolombinas consideraron a este tipo de personas como dioses o seres fantásticos, por lo que los apartaban de la sociedad y llevaban a templos, donde como hemos dicho eran adorados como deidades. Los padres incluso animaban a sus hijos a travestirse aceptando de buen grado el cambio y vistiéndolos con su nuevo rol. Al parecido se encontraron los ingleses en las Grandes Llanuras de Norteamérica, puesto que allí las culturas indígenas aceptaban a las personas de genero no binario, llamándolas de dos espíritus.


Religión y transformismo

En Asia y más concretamente en Japón, también encontramos esta tendencia por el cross-dressing. En el Teatro Kabuki las mujeres eran las encargadas de representar tanto los roles femeninos, como los masculinos. Además existen festivales y rituales que emplean a personas travestidas para su realización, como el Ikazuchi no Daihanny el cual mediante esta práctica busca ahuyentar a los malos espíritus de los hogares.

Algo curioso sobre el travestismo es que en muchas culturas esta práctica era parte de su religión y ritualidad. Por lo que podríamos decir que la religión y el transformismo iban cogidos de la mano en muchos casos. Sin ir más lejos, los eunucos de Asiria, Mesopotamia o Egipto eran sacerdotes que vestían con ropajes femeninos. En otras civilizaciones como la persa o la china, encontramos personajes masculinos altamente feminizados e incluso en ocasiones, portando ropas femeninas.

El transformismo también existió dentro del seno de la iglesia católica. Muchas mujeres santificadas hoy en día, en su momento decidieron vestir como hombres. Es el caso de Santa Tecla que acompañó a San Pablo a Roma como hombre o Santa Pelagia que vivió como un ermitaño. Un caso más anecdótico contado en los santorales es el del joven Marino, según la leyenda al no querer casarse se travistió como mujer para poder ingresar en un convento como monja.

Pero pese a esto la religión católica persiguió este tipo de comportamientos. Un acta de justicia del s.XIV narra la historia de Eleonor. Según este documento, Eleonor era en realidad John pero se travestía para ejercer la prostitución en el Londres medieval. Por aquel entonces también encontramos la historia de Margarida Borras. Su juicio y condena quedaron en los anales de la historia por lo desagradable que fue. Si bien es cierto que se sentía mujer desde que nació, pero se merece una mención especial por su coraje y lucha.

El transformismo no volvería a ser bien visto posiblemente hasta la llegada de las obras teatrales. Es sabido que las mujeres no podían ser actrices, por lo que los papeles femeninos eran interpretados por hombres. Posiblemente el origen de las drag queen surgiese durante lo que se denomina “burlesque victoriano” en el s.XIX. Según los eruditos es ahí cuando surge el término “DRAG”, ya que para muchos es un acrónimo de “Dressed Resembling a Girl”, que se traduce como “vestido pareciéndose a una chica”.


El renacer Drag

Pero no sería hasta la llegada de Julian Eltinge que comienza una nueva era para el transformismo. Su imagen y su fama la convierten en la primera drag queen famosa y reconocida de la historia. La primera aparición de Julian fue 1904 en Broadway, después de eso haría hasta una treintena de películas. Destacó sobre todos porque mas que parodiar a las mujeres, creó la ilusión de que era una más. Llegó a crear su propia revista y su propio espectáculo pero tras la Gran Depresión y las campañas en contra de la homosexualidad y transformismo, su nombre quedó relegado al olvido.

En España también existió un gran transformista de renombre, se le conocía como Egmont de Bries. Fue un transformista bastante popular y controvertido de la primera parte del s.XIX. Su ambigüedad causó estupor y sensación a partes iguales en un país sumamente católico, analfabeto y con muchos prejuicios. Su nombre era Asensio Marsal Martínez y luchó para estar en el panorama español hasta el final. Fue tal su éxito que llegó al teatro de Paris, así como a otros de distintas capitales europeas. En 1924 daría el salto a las Américas para actuar en EE.UU., Argentina, Venezuela o Cuba entre otros. Tuvo grandes éxitos en los teatros de Nueva York pero acabaría volviendo a España. Adoraba vestir de flamenca, un rol en el que se sentía cómodo y según él mismo era el mejor.

En pleno franquismo destaca la figura de José Pérez Ocaña, más conocido como «Ocaña». Nacido en Cantillana (Sevilla) en 1947 fue un símbolo de la resistencia franquista durante la transición, además de un gran olvidado de la historia española. Su humor desafiante así como exhibicionismo le reportaron gran fama. Fue de los primeros en unirse a los movimientos de protesta LGTBIQ+ en una España aún retrógrada y arcaica, creando así el activismo Queer, que aún perdura en la actualidad.

Sus shows fueron transgresores e innovadores, lo que le llegó a costar la vida. En 1983 creó un disfraz de sol para los carnavales de su tierra con papel y bengalas que ardió provocándole la muerte. Su muerte no fue en vano puesto que su legado perdura aún en transformistas y artistas tales como Chichi L’Amoroso, Torrija Asucar o Samantha Ballantines entre otras.

La sociedad postfranquista estuvo llena de clasismo, religiosidad y sobre todo miedo a lo desconocido, herencia clara de una etapa oscura. Es por esto que el transformismo se vio perseguido primero bajo el yugo de las leyes como la de Vagos y Maleantes, y posteriormente con la de Peligrosidad Social creada en 1970. Si bien es cierto que algunas artistas del tardofranquismo y de la transición siguieron trabajando sin miedo a nada.

Gracias al cine también hemos podido acercarnos a la vida y trabajo de estas artistas. Películas tales como “Un hombre llamado flor de Otoño” o “Señora Doubtfire” han sido de gran repercusión y visibilidad para esta profesión. La caracterización de cada transformista o drag queen es una obra de arte en muchas ocasiones poco valorada. Cada noche salen al escenario a dar el 100% y hacernos disfrutar con su magia en un ritual ancestral. Como las deidades de los mitos, salen como diosas y dioses para obsequiarnos su arte. Muchas quedaron en el más absoluto olvido por culpa de la ignorancia, el temor y el miedo. El miedo a una forma de vida que la gente desconoce. Porque tras el maquillaje, la purpurina y las pelucas existen grandes personas, grandes artistas. Pasarían décadas oscuras hasta que el transformismo tuviera un nuevo rostro que lo catapultase a la esfera social.

En la década de los 90 aparece en el panorama RuPaul, siendo tal su éxito que ha llegado a consagrarse con su propio reality: Drag Race. Su talento ha conseguido visibilizar a un colectivo y una forma de vivir únicas. Ahora en España y de la mano de Atresmedia, cada domingo tenemos el lujo de poder conocer de cerca a drags patrias como es el caso de la comic queen Samantha Ballentines, la cual desde sus redes (y ahora desde la pequeña pantalla), nos hace reír sin parar como muchas otras hicieron antes siglos atrás.

FUENTE: https://magazine.imaginaciontalento.com/el-travestismo-a-traves-de-la-historia/

Jose María Gil Román
Jose María Gil Román

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