CUANDO LA HIPNOSIS ATRAJO A MULTITUDES

En el verano de 1985 ocurrió un fenómeno inusual en el terreno de la hipnosis.
Antonio Rodríguez Castillo, estudioso del mundo de la mente y ex alumno del célebre Profesor Fassman (José Mir Rocafort, hipnólogo y mentalista nacido en Sort y que había triunfado en el mundo de la parapsicología y la metapsiquia en las Américas de la década de 1940 y 1950), llegó a Sitges (Barcelona) dispuesto a enseñarle al gran público que abarrotaba aquel pueblo durante la temporada veraniega, que la hipnosis era mucho más que un posible espectáculo.

Y fue el firmante de este artículo quien lo invitó y le organizó aquellas veladas inolvidables.

Por aquel entonces dirigía yo la revista Mundo Mediterráneo y cuando conocí a Antonio, supe que me hallaba ante una personalidad diferente, frente a un hombre dotado de una fuerza interior y de unas convicciones notables.

Y es así como Rodríguez Castillo y yo iniciamos una amistad inquebrantable que, a lo largo de años y décadas, se forjó sobre el apoyo y la mutua admiración. Pero a mediados de los ochentas no era tan sencillo divulgar ciertas temáticas sin ser uno ridiculizado por algunos sectores de los medios de comunicación, quienes pretendían hacerle creer a la población que lo único serio era la política o el fútbol.

Por ello decidimos trazar estrategias de marketing para que las funciones de Antonio Rodríguez Castillo fueran un verdadero éxito, cosa que logramos ampliamente y superando las expectativas más optimistas.

Y de todas aquellas intervenciones en congresos, eventos alternativos o talleres organizados para la ocasión, no puedo dejar de citar la memorable actuación de Antonio, bajo el seudónimo de Anroc (su nombre y apellidos abreviados) en la recientemente entonces inaugurada discoteca sitgetana L’Atlántida, regentada entonces por tres socios, uno de los cuales era jugador del Fútbol Club Barcelona.

En una cálida noche de verano y con más de mil personas llenando la célebre discoteca, el Profesor Anroc llevó a cabo una de las demostraciones de Hipnosis y Control Mental más extraordinarias que se recuerden.

A pesar de la incredulidad inicial de los jóvenes que poblaban el recinto y que se tomaban al principio en broma la actuación de mi amigo, poco a poco las cosas comenzaron a cambiar.

Recuerdo haberle pedido al director de la discoteca que quitara la música que sonaba y pusiera unas composiciones mías dedicadas a cada signo del zodíaco y que había yo llevado en cassettes.

La atmósfera dio un vuelco inesperado y Rodríguez Castillo comenzó a hablar afirmando que lo que iban a presenciar todos los allí presentes de ahora en más iba a grabárseles en la memoria para siempre.

Las luces se volvieron tenues y el silencio general era una clara indicación de que nos hallábamos ante otro escenario.

De pronto Anroc comenzó a hipnotizar a voluntarios y, poco después, logró magistralmente que más de 300 personas creyeran estar en medio del desierto y sedientas de agua.
El señor Ferrer, director de la discoteca, no daba crédito a lo que sus ojos veían.

La espectacularidad de las pruebas que realizó Antonio fueron reseñadas en mi revista Mundo Mediterráneo, pero luego traspasaron las fronteras de Sitges hasta llegar a Barcelona, donde poco después, el aún naciente Periódico de Catalunya hizo también reseñas y reportajes sobre la labor de Rodríguez Castillo.

Y hoy, a más de 35 años vista de aquellos acontecimientos, puedo decir que Antonio Rodríguez Castillo marcó un hito en la historia de estos temas pero que tampoco se quedó en ello. Sus investigaciones y estudios lo llevaron al mundo de la Bioinformación Genética, de la cual es pionero y vanguardia.

Tiempos aquellos inolvidables, en los que un selecto puñado de investigadores y profesionales de distintos ámbitos sentaron las bases para que años más tarde ciertas temáticas no fuesen ya nunca más consideradas algo para minorías.

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